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Economía empática

Proyecciones endebles

Héctor Farina Ojeda

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No debe sorprendernos que en medio de la incertidumbre y las voces de alerta sobre guerras comerciales, la confianza en la proyección económica siempre sea limitada. La gente necesita confiar en que su futuro económico será mejor pero las expectativas se desinflan cuando los empleos que se generan no alcanzan o cuando sólo ofrecen como remuneración uno o dos salarios mínimos, tal como refiere un estudio de la calificadora de riesgo HR Ratings. Los anuncios de bonanza a nivel global para este año se vuelven difusos cuando aterrizan en tierra de desigualdad, precariedad e injusticia.

Si pensamos en la necesidad de la gente de conseguir un buen empleo, mejorar sus ingresos y lograr un nivel de vida sin carencias, la conclusión actual es sencilla: el mercado no puede resolverlo porque no tiene ni los suficientes empleos ni paga buenos salarios. Ciertamente, hay generación de riqueza, hay oportunidades, hay emprendimientos y hay un potencial enorme de crecimiento. Pero parece que el sesgo cada vez es mayor en cuanto a que unos pocos aprovecharán las mejores opciones, en tanto la mayoría se conformará con lo que encuentre. Los desempleados están en crisis y los nuevos empleados ganan poco, lo que implica sólo una forma algo más cómoda de vivir la misma crisis.

Una marcada debilidad de las proyecciones económicas es su extrema dependencia de factores externos y de coyunturas que no se pueden controlar. Ahí están todos a la expectativa de lo que pase con el TLCAN, de si hay flexibilidad en la cuestión arancelaria o si los precios internacionales de algún producto o materia prima serán favorables. La proyección es endeble porque se la puede llevar el viento de una tormenta económica o de una guerra comercial. Estamos muy lejos de proyectar a partir de las fuerzas propias, como bien pueden hacer las naciones que poseen industrias altamente desarrolladas o recursos humanos preparados para la invención, la innovación y el emprendimiento permanente.

Cuando un estudiante se incorpora a la universidad en un país como Corea del Sur, la perspectiva es que se está formando una carrera profesional que tendrá como recompensa un empleo bien remunerado en alguna empresa que explote y desarrolle el potencial del estudiante. Hay mucho trabajo universitario y mucho trabajo en el mercado, en la certeza de que ambos estamentos son fundamentales para toda la economía. Pero al contrario, cuando la educación es mala, los niveles de deserción altos y para colmo el mercado los espera con precariedad, salarios ínfimos y una tasa de desempleo juvenil que duplica la tasa general, entonces tenemos un piso tambaleante que incentiva poco.

La construcción de un futuro menos frágil pasa por recuperar la capacidad de hacer y por darle un mejor espacio al talento, la inteligencia y el emprendimiento. Es lo que podemos hacer lo que nos dará certeza y nos dará la posibilidad de reinventar desde dentro. Hay que replantear el escenario para el empleo juvenil y valorar más a los que saben.

@hfarinaojeda

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