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Domingo , 27.05.2018 / 05:48 Hoy

Economía empática

Presupuestos e inversiones

Héctor Farina Ojeda

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Una mirada a los escenarios electorales en América Latina es suficiente para comprobar que las promesas siguen siendo las mismas, las carencias las mismas y las esperanzas también. La pobreza, el empleo, la educación, la salud, la seguridad y la vivienda dominan el espectro discursivo en forma cíclica pero no han logrado modificar grandes realidades. Vivimos en el subcontinente más desigual del mundo, en medio de riquezas ostentosas y pobrezas escandalosas, rodeados de riquezas naturales y de un enorme potencial de desarrollo que nunca pasar de ser un simple potencial.

Los desafíos de toda nueva administración pasan por la reducción de la pobreza y la desigualdad, la generación de empleos y oportunidades para que la gente pueda mejorar su condición de vida. En América Latina un gran condicionante es el atraso educativo, el que limita cualquier emprendimiento y cualquier cambio importante. Sociedades cansadas y descontentas, con carencias arraigadas, con rezago educativo y ancladas en modelos económicos incapaces de resolver sus problemas: este es el contexto en el que la mejoría ya no es sólo una esperanza sino una urgencia. El hambre, la miseria, la pobreza y la exclusión ya no pueden esperar.

Si pensamos en los casos de los países que han tenido éxito económico en las últimas décadas, la pregunta que deberíamos hacer es en qué se debe invertir para ello. Y no sólo inversión en cuanto a dinero, sino en políticas públicas, estrategias, tiempo y esfuerzo para construir algo que genere mejoría. Mientras la educación se convirtió en la inversión más estratégica en países como Noruega, Finlandia y Singapur; la tecnología en Corea del Sur, Japón e India, siempre queda la duda de en qué invertimos realmente los latinoamericanos. Los maliciosos dirán que en la corrupción, aunque técnicamente eso es lo contrario a una inversión, pues no hay la mínima esperanza de que genere beneficios para todos.

A la luz de las necesidades sociales y económicas en México, en donde la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, en medio de una desigualdad abismal entre ricos y pobres, y con enormes problemas de salarios bajos, empleo insuficiente y rezago educativo, los ojos incrédulos deben estar atentos a los presupuestos y a las inversiones. La importancia que se le asigna a los problemas se puede medir en función de lo que se presupuesta y lo que se invierte. Si el interés es la medida de la acción, el presupuesto es la medida de la importancia económica que se le da a cada proyecto, a cada iniciativa.

La cuestión va más allá de una coyuntura electoral: se trata de establecer hacia dónde apuntarán los esfuerzos, en qué se invertirá y qué se espera obtener. En tiempos de incertidumbre económica y política, más que nunca debemos cuidar la riqueza y optimizar las inversiones. Ni la corrupción ni el clientelismo ni el conformismo. Es hora de la gente, la educación y el conocimiento. Por sus presupuestos e inversiones los conoceréis. Ahí se juega el cambio.

@hfarinaojeda

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