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Economía empática

Pobreza endémica

Héctor Farina Ojeda

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La mitad de los mexicanos que nacen en condiciones de pobreza no tienen más opción que quedarse ahí, en la pobreza. Sólo el 4 por ciento de los que nacieron pobres podrán mejorar su condición de vida al punto de posicionarse en el segmento del 20 por ciento más rico de la población, de acuerdo a un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El problema es la escasa movilidad social, lo que implica que difícilmente alguien puede moverse hacia otros segmentos en donde haya mejores ingresos y más calidad de vida. Y uno de los detonantes de este problema es la mala calidad educativa. Cuándo no.

Los datos del organismo internacional dan cuenta de que algunos factores que dificultan la movilidad social son la informalidad, la poca presencia de mujeres en el mercado laboral, la exclusión financiera y la mala calidad de la educación en zonas menos favorecidas. El costo que se paga es demasiado elevado: la permanencia en la pobreza, con todas las precariedades y carencias que esto implica. Sin educación de calidad, sobre todo de aquella que debe llegar a los rincones más necesitados, los pobres se quedan huérfanos de oportunidades, de esperanzas y de posibilidades reales de mejorar su condición.

Nos encontramos ante un problema de magnitudes gigantescas que trasciende a la sociedad y la economía. Con mediciones que establecen una pobreza que alcanza a entre 53 millones y 61 millones de personas, con una escasa movilidad social que prácticamente los confina de por vida, y con una educación deficiente que no favorece el desarrollo personal ni la obtención o creación de mejores empleos y mayores ingresos, estamos más propensos a la profundización de las precariedades que a la disminución de la desigualdad, más cerca de aumentar las carencias de los ya carentes antes que de la recuperación del poder adquisitivo.

De los impactos sociales nos dan cuenta la pobreza, el hambre, la marginalidad, la exclusión de los sistemas de salud y del sistema educativo, así como las manifestaciones de la violencia y la inseguridad. Los que viven en condiciones precarias y los que mueren en el mismo tenor, los que trabajan más que nadie pero ganan menos que todos, los que sobreviven entre la informalidad, la miseria y el abandono, ellos pagan el costo. Y también sus hijos. Y si seguimos así, sus nietos y bisnietos.

Y también sufre la economía, con un consumidor empobrecido de cada vez más limitado poder adquisitivo, con una mano de obra poco calificada, con baja productividad y niveles de competitividad insuficientes, con escasa capacidad de innovación, emprendimiento y ajuste a los cambios y las exigencias del mercado. Sufrimos por la mala educación y sus consecuencias, por sus efectos en la corrupción y todo lo que se echa a perder, por lo que se pierde, lo que se roba y no se aprovecha.

Recuperar la movilidad social significa tener una oportunidad educativa e inclusiva. Es urgente que la educación abra puertas para salir de la pobreza. O todo empeorará.

@hfarinaojeda

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