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Miércoles , 17.10.2018 / 09:51 Hoy

Economía empática

Perdiendo la batalla

Héctor Farina Ojeda

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La advertencia sobre la recesión de América Latina para los siguientes dos años, así como el freno en los resultados en el combate a la pobreza representan un peligro mayor a lo previsto en las cifras que hablan de que 30 millones de personas podrían volver a ser pobres. Más que en los números que deriven del bache en el crecimiento, la realidad nos enrostra con un cuestionamiento de fondo: estamos perdiendo la batalla contra la pobreza. Ni en tiempos de bonanza por los elevados precios de las materias primas ni con los ingresos millonarios o el crecimiento hemos podido revertir la acostumbrada situación de precariedad en la que viven millones de personas.

Sólo en 2015, siete millones de latinoamericanos cayeron en la pobreza, según un informe conjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). Y esto es más preocupante en el caso mexicano, en donde se incrementaron los niveles de pobreza en los últimos años, a contracorriente de las disminuciones en la mayoría de los latinoamericanos entre 2014 y 2015.

Lo más grave de todo es que no sólo estamos ante un panorama adverso en la región más desigual del mundo, sino que estamos perdiendo la batalla precisamente en donde tenemos el poder de ganarla: en las nuevas generaciones. De un total de 163 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, alrededor de 30 millones no estudian ni trabajan. Y todavía más profundo: seis de cada diez jóvenes se encuentran en condición de pobreza. Esto nos habla de que estamos desperdiciando la oportunidad histórica de construir un nuevo orden económico sobre la base del talento, la capacidad y la renovación de ideas que tienen los jóvenes.

Desde hace décadas venimos perdiendo batallas contra la desigualdad y la vida precaria. Perdemos todos los días contra la corrupción, la negligencia y la indiferencia de los gobernantes, así como contra el conformismo y la resignación. Perdemos al descuidar la educación y la salud de la gente, al igual que se pierde cuando el nepotismo, el amiguismo y el compadrazgo se convierten en la llave para acceder a un sistema de privilegios. Cuando la capacidad, la idoneidad y la honestidad no son suficientes para obtener un buen empleo o para recibir apoyo para un emprendimiento, entonces debemos asumir que no podemos ganar un partido en el que jugamos para perder, con todas las condiciones establecidas para la injusticia.

Si con la agricultura y toda la riqueza natural que tenemos no pudimos vencer a la pobreza, así como tampoco lo logramos con la industrialización y la exportación de manufacturas, es poco probable que en la economía del conocimiento logremos resultados diferentes si descuidamos la capacidad de la gente. Perder contra la deserción escolar, la mala calidad educativa, el escaso interés en la ciencia o el mínimo apoyo a los innovadores y emprendedores, equivale al fracaso de seguir viviendo penurias, escasez y exclusión.

@hfarinaojeda

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