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Martes , 19.06.2018 / 15:34 Hoy

Economía empática

Los motores de la economía

Héctor Farina Ojeda

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La devaluación del peso frente al dólar, la devaluación del yuan –la moneda china– y otros factores externos que se suman a los recortes en las expectativas de crecimiento, ponen a la economía mexicana en una situación compleja: entre la necesidad de enfrentar una tormenta de matices globales que no puede controlar y la incertidumbre con respecto al dinamismo interno y el alcance de las propias fuerzas. Estamos en medio de vientos agresivos que sacuden los cimientos de una economía que en las últimas décadas no ha logrado repuntes importantes.

Pensar la situación requiere necesariamente ubicarla en un contexto que conocemos muy bien: una economía muy desigual, en donde tanto las bonanzas como las desventajas se distribuyen en forma injusta y terminan inflando la inequidad. Cuando hay crecimiento, siempre es insuficiente y se concentra en pocos sectores, por lo que los pobres se vuelven más pobres en tanto los ricos incrementan su riqueza. Cuando no hay crecimiento, sencillamente no podemos esperar beneficios para los que menos tienen. Por lo tanto, ante la devaluación de la moneda y el cambio en el escenario económico internacional, lo más probable es que los más afectados sean los más vulnerables.

Aunque la preocupación por factores externos llena los espacios mediáticos, hay que profundizar la mirada en los motores internos, en el contexto local, en nuestras debilidades y fortalezas. Con más de la mitad de la población en situación de pobreza, con 1 de cada 4 mexicanos con rezago educativo, con empleo insuficiente, salarios bajos y un poder adquisitivo que es cada vez más escaso, es poco lógico pensar en una mejoría con o sin devaluaciones. Más que la dependencia de vientos externos favorables o desfavorables, la gran pregunta es cómo hacer que la economía se mueva desde dentro, con fortaleza y con mayor justicia a la hora de repartir oportunidades y riqueza.

Debemos recordar que cuando la economía cayó 6.5 por ciento en 2009, el golpe fue para todos pero la asimilación fue muy desigual: los ricos se recuperaron en un par de años, en tanto los pobres no han podido recuperarse hasta ahora. Esto nos habla de que el problema es interno, en los motores de generación y distribución de riqueza, en la base de cualquier economía. Debemos preguntarnos por la capacidad de las personas, su preparación, su acceso a empleos o su capacidad de emprender; por las microempresas, las pymes y los salarios: hay que ir más allá de los números de las exportaciones o de eufemismos como “la inflación controlada” y la estabilidad macroeconómica.

Lo importante, lo que debería marcar la línea de la estrategia económica, no es qué tan malos pueden ser los factores externos sino qué tan potentes son los motores para hacer emerger al país cada vez que el contexto global no sea favorable. Seguramente, algo falla en los motores para que no se haya reducido la pobreza en tiempos de bonanza. Y es un buen momento para revisarlos.

Twitter: @hfarinaojeda

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