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Martes , 11.12.2018 / 23:42 Hoy

Economía empática

La renegociación económica

Héctor Farina Ojeda

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Mientras las preocupaciones de distintos sectores giran en torno a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con las amenazas ya acostumbradas sobre una posible salida de Estados Unidos del bloque, la inflación llegó a su nivel más alto en los últimos 16 años, lo cual podría parecer una simple relación de hechos convertidos en noticia, aunque en el fondo pintan una realidad dual de mundos opuestos: por un lado, los grandes acuerdos, con sus negociaciones, sus miedos e incertidumbres; y por otro lado, la pobreza que se agudiza con cada suba de precios. Nos encontramos ante la necesidad de reasumir posiciones en el bloque internacional pero, sobre todo, de mirar hacia adentro, hacia los problemas no resueltos.

En la economía del conocimiento, en donde la riqueza ya no se encuentra en las materias primas ni en la manufactura sino en el conocimiento aplicado, no solo necesitamos redefinir espacios y acuerdos comerciales sino reinventar la economía desde dentro. Una renegociación fundamental que debemos hacer es con nuestras propias fuerzas, con las nuevas generaciones que se están formando en busca de una oportunidad, así como con las instancias gubernamentales, la iniciativa privada y las universidades. La renegociación más importante es aquella que logre corregir una situación en la cual la pobreza, la marginalidad, la exclusión y el atraso son el resultado para millones de personas.

Para ganar protagonismo en el ámbito internacional, lo primero es revolucionar desde dentro. Y para hacerlo en tiempos de la economía del conocimiento, ya no basta con confiar en el precio del petróleo, la exportación de materias primas, las remesas o la explotación de recursos naturales: el gran paso que hay que dar es hacia la innovación y el conocimiento. Con una inversión de apenas 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en ciencia y tecnología, con un sistema educativo enamorado del pasado y con 32 millones de ciudadanos con rezago educativo, el riesgo no sólo está en que se renegocie todo para que todo quede igual, sino en ensanchar la brecha entre los acaudalados y los excluidos.

Las posiciones importantes en el mundo de hoy se dirimen a partir del conocimiento y de la innovación. Eso lo saben las economías más poderosas, las que más invierten en su gente y las que se encuentran a la vanguardia en cuanto a tecnología y ciencia. Países como Israel tienen como objetivo que todos sus automóviles sean eléctricos y están buscando la manera de renovar la matriz energética, en tanto los atrasados siguen con la fe ciega en el cada vez más finito dios petróleo. La transición es inevitable y marca diferencias claras: los que se adelantan sobre la base de innovar y los que se resisten al cambio y se anclan en modelos en decadencia.

Aprovechando la coyuntura, deberíamos renegociar hacia adentro y preguntarnos qué tipo de economía queremos construir. Debemos prepararnos para la reinvención y para un futuro que ya nos sorprendió atrasados.

@hfarinaojeda

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