• Regístrate
Estás leyendo: La mejoría empieza con la gente
Comparte esta noticia

Economía empática

La mejoría empieza con la gente

Héctor Farina Ojeda

Publicidad
Publicidad

La hipótesis del economista francés Thomas Piketty de que en las condiciones actuales sólo los ricos acumulan riqueza mientras que los trabajadores no pueden hacerlo es perfectamente aplicable al caso local. No es una novedad que la desigualdad de ingresos, de riqueza y oportunidades representa ya un abismo gigantesco, así como ya no sorprende que una ínfima parte de la población concentre las grandes bonanzas de la economía. Pero al ver las noticias sobre la disminución del consumo privado, la pérdida del poder adquisitivo y la tendencia de generar empleos precarios y mal pagados, la sensación es de descontento y desesperanza.

Los hechos están lejos de pronosticar alguna mejoría en cuanto a la reducción de la desigualdad o la disminución de la pobreza. Pero en los discursos abundan soluciones. Tan abundantes que suenan a trilladas. Claro, trilladas sólo en discursos, ausentes en hechos. La cuestión es sencilla: si cerca de la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza, la urgencia pasa por encontrar la fórmula para que salgan de dicha condición, que produzcan riqueza y comiencen a mejorar. Pero no hay suficientes empleos y los que hay son precarios y mal pagados. Ergo, el trabajo no es ninguna garantía contra la pobreza. Al contrario, parece una pobreza segura.

Estamos ante una economía inercialmente lenta, con una pesada maquinaria que se mueve al ritmo de los factores externos y que no ha sabido redistribuir sus fuerzas para oxigenar con ingresos a la gente necesitada. Con el crecimiento que se espera para los siguientes dos años y con la precariedad de los empleos no se puede proyectar algún cambio favorable. Hay una profunda necesidad de atender los grandes problemas de fondo para reinventar la economía y lograr resultados diferentes: educación, productividad, competitividad, ciencia y tecnología, emprendimientos, créditos, son sólo algunos temas descuidados que pesan demasiado cuando se quiere algo diferente.

Que el consumo interno sea frágil, que tengamos un consumidor empobrecido, que la pobreza excluya del bienestar a millones de personas y que los niveles educativos no sean de la calidad requerida no sólo representan un gigantesco problema para los afectados directamente sino para toda la economía. Ni las industrias ni las exportaciones ni las inversiones serán las ideales ni podrán cambiar la realidad si se mantienen las condiciones de un escenario que castiga a la mayoría y premia sólo a los que ya están premiados.

La preocupación de Piketty sobre la desigualdad y la riqueza debería hacer que replanteemos el escenario y busquemos fórmulas para relacionar la preparación con el empleo y la mejoría en la condición de vida. Empoderar mediante la educación e invertir en sectores que generen trabajo de calidad: esta podría ser una estrategia dirigida específicamente a quienes más lo necesitan. No hay nada que iguale más el escenario económico que la educación. Piketty habla de que los ricos paguen más impuestos. Podrían invertir en la gente. Por ahí se mejora.

@hfarinaojeda

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.