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Economía empática

La amenaza del abismo

Héctor Farina Ojeda

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La tremenda desigualdad social que tiene como base la desigualdad económica no sólo ha abierto un abismo en América Latina que sino que este abismo está vivo, crece y causa estragos. El dato proporcionado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) es una inquietante llamada de atención: los ingresos de las 10 personas más ricas en México equivalen a los ingresos de 60 millones de pobres, lo que implica que 10 personas perciben más que la mitad de la población del país. La desigualdad medida en términos de ingresos es brutal: súper millonarios por un lado, y pobres con hambre en el otro. Pero esto va más allá de lo económico.

Aunque la desigualdad ya está arraigada y los datos no son nuevos, el problema habría que verlo en el contexto de una Latinoamérica convulsionada entre la crisis y la urgencia de recuperación. Venezuela se hunde en el caos y 2.5 millones de venezolanos se han ido de su país en los últimos cuatro años, provocando una crisis migratoria en los países vecinos; Nicaragua soporta la peor crisis política en las últimas décadas, con más de 300 muertos y una economía fracturada; en tanto Argentina vive una ola de protestas en defensa de las universidades públicas, en medio de salarios que ya no alcanzan para enfrentar una inflación que ronda el 30 por ciento.

El empobrecimiento de la clase media y la profundización de la precariedad en los que ya viven en la condición de pobreza han llegado a un nivel insostenible. Crisis migratorias, empleos precarios, salarios que no alcanzan, desigualdades que llegan hasta el acceso a la salud, la educación, la calidad de vida. Tan grave que hasta las esperanzas de movilidad social, de emerger de la pobreza y posicionarse en un estrato económico elevado, son cada vez más escasas: en México sólo el 4 por ciento de los niños que nacen en pobreza alcanzan a subir a los niveles de ingresos más altos, en tanto en Colombia se podría tardar -irónicamente- más de 300 años en subir desde lo más pobre a los estratos de riqueza.

Vivimos en sociedades que se han ido fragmentando cada vez más por el imperio de la desigualdad. Y el caso mexicano no es menor con la mitad de la población en situación de pobreza, con los salarios precarios y con la paradoja de que los mexicanos son los que más horas trabajan dentro de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) pero perciben apenas la décima parte de los ingresos de un alemán. O sea, hay mucha pobreza, mucha desigualdad, se trabaja mucho pero esto no significa una mejoría económica sino la permanencia en condiciones precarias.

La situación de los países latinoamericanos en crisis, de los que están al límite y de los que navegan a contracorriente es un toque de alerta para pensar cómo resolver los conflictos antes de que el abismo sea insostenible y se devore todo. No hay mucho tiempo: hay que recuperar los ingresos para la gente, defender lo público como forma de igualdad y atender las urgencias sociales. Empezar a corregir ahora o será peor. He ahí la cuestión.

@hfarinaojeda





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