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Domingo , 21.10.2018 / 23:57 Hoy

Gasolinas, subas e ingresos

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El inicio del año con una serie de incrementos en el precio de las gasolinas no augura nada bueno. Sobre todo porque nos encontramos en tiempos de incertidumbre, con un pronóstico de crecimiento limitado y en el contexto del empobrecimiento de los consumidores debido a décadas de pobreza, malos salarios y condiciones laborales precarias. En menos de tres semanas, el incremento en el precio de la gasolina llegó a 2.7 por ciento, aunque lo delicado no está en la cifra sino en la constancia con la que se producen los ajustes. De esta manera, hay una sensación de que cada vez se paga más y que alcanza menos.

En el caso de Jalisco, los incrementos ya superaron las expectativas de los mismos empresarios del rubro. Centavo a centavo, día a día, bajo la libertad de los precios irrestrictos y al amparo de las “bondades” de la libre competencia, el encarecimiento se va trasladando al consumidor, lo cual representa no sólo un golpe al bolsillo de los automovilistas sino que se convierte en una amenaza inflacionaria. Como sabemos, cualquier ajuste en el costo de la gasolina tiene repercusiones directas en el precio del transporte, de los productos de la canasta básica y en varios servicios.

Uno de los grandes problemas que se derivan de esta suba es que la mayoría de los consumidores no está en condiciones de soportarla. En una economía con la mitad de la población en situación de pobreza, con una pérdida del poder adquisitivo que ya lleva décadas y con escasas posibilidades reales de mejorar los ingresos de la gente en poco tiempo, cada suba de precios puede profundizar la pobreza e incrementar la precariedad. Imaginen lo difícil que fue el año 2017 con una suba general de precios de 6.7 por ciento para alguien con ingresos insuficientes: si el dinero ya no alcanzaba, aunque suene mal hablado: alcanzó menos.

En un escenario en el que la incertidumbre condiciona muchas de las proyecciones, la rapidez de los precios es un riesgo muy grande frente a la lentitud de los ingresos. Generar empleos, mejorar salarios y distribuir ingresos siguen siendo grandes conflictos no resueltos en la economía mexicana. Y si no hemos podido en tiempos de bonanza, es ilusorio pensar que en tiempos de incertidumbre, de renegociaciones y de especulaciones habrá resultados diferentes. Por eso es que un encarecimiento en el costo de vida, por mínimo que parezca, puede significar más pobreza, más fragilidad interna, menos consumo y menos dinamismo.

Por lo pronto, habrá que prestar mucha atención al mercado de las gasolinas y tomar todas las previsiones que se puedan: desde una planificación de los gastos hasta una racionalización en el uso de recursos. Y debemos exigir que se cumpla la libre competencia y no estar a merced de acuerdos corporativos que deriven en una libertad de cobrar lo que quieran. Pero todavía más urgente es tratar de resolver el gran conflicto: cómo recuperar el poder adquisitivo de la gente, lo cual implica mejores ingresos, mejores empleos y mejor calidad de vida.

@hfarinaojeda

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