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Economía empática

Entre salarios y crecimiento

Héctor Farina Ojeda

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La reciente decisión de incrementar el salario mínimo en un 10 por ciento se da en el contexto de una desaceleración de la economía mexicana, de una reducción de las proyecciones para el año que viene y de la marcada incertidumbre sobre las renegociaciones del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Por un lado, tenemos como una necesidad imperiosa la recuperación de los ingresos de los trabajadores que tienen los salarios más bajos, en tanto por el otro se vislumbra un crecimiento insuficiente que hace prever que las noticias sobre la generación de empleos de calidad no serán las mejores.

En el país con los salarios más bajos de América Latina, un ajuste que trate de favorecer a los empleados de menores ingresos siempre es una buena iniciativa. Aunque frente a una inflación por encima del 6 por ciento en lo que va del año y una profunda pobreza que significa años de precariedad por revertir, la gran pregunta es qué más debemos hacer para que la medida reciente tenga un impacto real en la economía de la gente. Y no es que un incremento del salario mínimo no sea necesario sino que es apenas un paso en medio de un universo de necesidades por atender.

Ciertamente una de las grandes limitaciones que se dan en casos como este es el alcance real de la medida, ya que el 60 por ciento de la economía se maneja en la informalidad, lo cual implica que un ajuste formal del salario no llega a este segmento. Y es que en el fondo es el poder adquisitivo lo que hay que recuperar, es decir, no solamente aumentar el salario en forma nominal sino que dichos recursos alcancen para mejorar las condiciones de vida: para poder cubrir la demanda de una canasta básica, cubrir la salud, la educación y la vivienda, fundamentalmente. Es sabido que con el salario mínimo no alcanza para cubrir necesidades básicas, por lo que se trata de un ingreso insuficiente para que alguien llegue a la línea de bienestar.

Después del salario mínimo, tenemos que prestar mucha atención a lo que ocurrirá en 2018 con los empleos. Si las cifras oficiales hablan de que este año se puede llegar al millón de empleos, no hay que perder de vista que no es la ocupación sino la calidad del trabajo lo que se requiere para que además de estabilidad se logren ingresos que sirvan para mejorar las condiciones de vida, para que las familias que viven bajo la línea de pobreza tengan al menos la oportunidad de atender sus requerimientos más urgentes. Son los buenos empleos los que permitirán revertir los números de la pobreza, aunque dichos empleos estén en entredicho por el crecimiento limitado de la economía.

La situación para el siguiente año es compleja, por lo que hay que trabajar en mejorar la productividad y la competitividad, lo cual no será posible si no se revierten las precariedades de la educación y no se apunta hacia el conocimiento como fuente de transformación. Hay que lograr que el trabajo valga más, produzca más, sea más creativo y, por lo tanto, pueda generar mayores ingresos.

@hfarinaojeda

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