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Miércoles , 17.10.2018 / 22:49 Hoy

Economía empática

Entre precios, inversiones y necesidades

Héctor Farina Ojeda

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La suba de los precios de los productos de la canasta básica nuevamente pone de manifiesto uno de los grandes problemas y desafíos para cualquier administración: la vulnerabilidad de una población empobrecida, con una dilata pérdida del poder adquisitivo, que no puede hacerle frente al elevado costo de vida. Mientras que en el mes de junio la inflación se aceleró y quedó en 4.65 por ciento, los economistas del sector privado elevaron la expectativa de la inflación para el cierre de 2018: de 4 por cierto pasaron a 4.17 por ciento, de acuerdo a la encuesta realizada por Citibanamex.

Esto nos ubica ante un conflictivo grave y conocido: la suba de precios proyectada para este año duplica a lo que espera de crecimiento económico. Y la cuestión no está tanto en los precios sino en una economía que no crece lo suficiente, que distribuye muy mal la riqueza y que no encuentra la fórmula para que mejoren los ingresos de más de 50 millones de personas en situación de pobreza. Con salarios bajos y con escasas posibilidades de mejorar los ingresos, estamos ante otro año de empobrecimiento y de postergación. La pérdida de poder adquisitivo de la gente sigue siendo el gran asunto pendiente, el gran reto a enfrentar.

En este sentido, el discurso social y la invocación de la inversión pública como una forma de incentivar la generación de empleos representa la clara urgencia de atender a los sectores más necesitados. Algunos analistas señalan que las iniciativas que pretende impulsar Andrés Manuel López Obrador se asemejan a una de las estrategias de Lula Da Silva en Brasil: una fuerte inversión pública en infraestructura, lo que en poco tiempo genera una buena cantidad de empleos y permite recuperar en algo los deprimidos salarios. En el caso brasileño, la recuperación de los ingresos de la clase media representó un poderoso incentivo para el fortalecimiento de toda la economía.

La inversión en infraestructura detona muchos empleos, tanto directos en el sector de la construcción, tanto como indirectos en distintos sectores. Y las buenas obras permiten mejorar el transporte y en general la competitividad. La estrategia es conocida y en muchos países se utiliza como una forma de mover la economía con el uso de recursos públicos, sobre todo en tiempos difíciles cuando hay amenazas de recesión. Sin embargo, los empleos y los ingresos derivados de proyectos de infraestructura específicos, se acaban al mismo tiempo que los proyectos. Empleos importantes pero temporales.

La gran pregunta es cuál será la estrategia integral para la recuperación del poder adquisitivo de la gente. ¿Cómo mejorar los ingresos a tal punto que no sólo sea posible enfrentar la suba de precios sino salir de la pobreza? El escenario no es fácil para un país dividido, que por un lado requiere resultados efectivos en el corto plazo y que además debe planificar el mediano y largo plazo para que las mejorías no terminen siendo efímeras. Necesidades urgentes y necesidades constantes. Hay que atender ambas.

@hfarinaojeda



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