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Viernes , 22.06.2018 / 11:21 Hoy

Economía empática

El mundo al revés

Héctor Farina Ojeda

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Parece extraño, pero las multinacionales tienen planeación, mientras que los Estados hoy no tienen planeación". Esto me dijo Robert Boyer, el economista francés, en una entrevista en la que hablamos de economía, desigualdad y educación, luego de una conferencia en el Centro Universitario de la Ciénega de la Universidad de Guadalajara. Como metáfora de un mundo invertido en su lógica, Boyer dijo que el capital privado lo planifica todo, en el mediano y largo plazo, en tanto el Estado sólo se dedica a apagar incendios y atender urgencias, con lo cual llegamos al absurdo de que los temas importantes están planificados y controlados por el capital privado.

El investigador francés explicó que el mundo consumista de hoy está más preocupado por el rendimiento del capital y por financiar el lujo y el consumo antes que facilitar lo importante para la gente. El mundo al revés está desesperado por dar créditos y financiamiento para que alguien se ponga a la moda y adquiera el último teléfono celular antes que preocuparse por destinar esos recursos a su salud o su educación. El aparato y la moda por encima de la persona. Boyer se sorprendió por encontrar un país lleno de pobres y de autos lujosos: "Los coches en México son mucho más lujosos que los de Francia, porque la gente pone todo su dinero y su crédito en los coches". Le pareció curioso que la clase media compre autos de lujo y no le dedique el mismo interés al transporte público.

Más allá de los contrastes y el asombro, la situación de la economía mexicana está llena de signos de una dolorosa desigualdad, con pocos empresarios que incrementan sus ganancias en forma geométrica al mismo tiempo que la mitad de la población sobrevive en condiciones de pobreza o extrema pobreza. Boyer me dijo que hace falta invertir, desde el Estado, en el capital productivo, en la educación pública y en la innovación, y no esperar que el mercado resuelva algo. El mercado está apurado sólo por el capital especulativo, por la rentabilidad del dinero, y no por el capital productivo.

Una urgencia para hacerle frente a la desigualdad es recuperar el papel del Estado como planificador. Boyer me dijo que es fundamental planificar el gasto público, así como la inversión en educación, salud e infraestructura. Precisamente, con una inversión adecuada en estos rubros se podría combatir el flagelo de la desigualdad, que hace que se tenga un país de autos lujosos y ricos por un lado, y de pobreza y descontento por otro.

Coincido con el investigador francés: necesitamos invertir mejor los recursos y destinar nuestro esfuerzo hacia lo productivo, hacia lo que construye oportunidades, empleos y equidad. Y aunque el problema de la desigualdad es de difícil solución, un buen inicio sería exigir que el gasto público incentive la productividad, la educación, la innovación y la capacidad de hacer de la gente. Hay que recuperar la planificación y el orden, y no permitir que la incompetencia nos deje a merced del mercado.

Twitter: hfarinaojeda

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