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Economía empática

De lo urgente a lo fundamental

Héctor Farina Ojeda

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Una de las preguntas más difíciles de responder es cómo hacer que la economía se fortalezca a tal punto que permita corregir los graves problemas sociales que aquejan a la población mexicana. Es decir, cómo lograr un crecimiento importante y sostenido que alcance en su distribución a los estratos menos favorecidos, de manera tal que se reduzcan la pobreza y la desigualdad. Hay muchos lastres, mucho rezago y sobre todo un escenario complejo en el que la mitad de la población está en situación de pobreza, uno de cada cuatro mexicanos tiene rezago educativo y hay una tendencia a la precarización de los empleos, lo que implica menos posibilidades de trabajar y ganar lo suficiente.

Por un lado, tenemos la urgencia de acabar con la incertidumbre de las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de darle estabilidad a la moneda y de construir un ambiente en el que las inversiones lleven a dinamizar la generación de empleo. Hay que diversificar los mercados, buscar nuevos socios y sobre todo hacer una inversión productiva que permita romper el cerco del crecimiento mediocre del 2 por ciento en el que estamos estancados desde hace tres décadas. Sin un crecimiento importante, será difícil hacer mella en los graves conflictos sociales.

Pero el objetivo no es el crecimiento por sí mismo sino atacar problemas cruciales como la pobreza, la desigualdad, la escasez de oportunidades y la marginación. Una economía es poderosa en la medida en que su gente recibe los beneficios. No bastan los buenos indicadores ni mucho menos la estabilidad si ello representa que todo quede igual. De ahí la urgencia de medidas que favorezcan los empleos, la recuperación de los salarios y la distribución de la riqueza. Invertir en infraestructura, en la construcción de carreteras, facilitar el acceso a créditos para los microempresarios y en general invertir en lo que genera oportunidades laborales: ahí tenemos un reto en el corto plazo.

Recuperar las certezas, la confianza y la tranquilidad representan un proceso largo en el que hay que trabajar. Fortalecer la economía interna, invirtiendo más en proyectos que redistribuyan la riqueza, así como potenciar la expansión internacional mediante negociaciones con nuevos socios: así se envían mensajes claros del cambio en el rumbo económico. Hay que romper con el mito conformista de que todo será igual, por lo que primero hay que recuperar la capacidad de reinventar, de emprender y crear. Y esto implica no sólo una estrategia ocasional del gobierno sino un compromiso que alcance al sector privado y las universidades.

Pero al mismo tiempo de atender las necesidades urgentes como la pobreza, la alimentación, el acceso a la salud, la vivienda y la educación, debemos pensar en lo fundamental: en construir una economía más competitiva, más dinámica y más incluyente. Y para lograr esto se debe invertir hoy aunque los resultados se noten en 20 años: en la educación, la ciencia, la tecnología y la capacidad de la gente. Ya no se puede postergar el futuro.

@hfarinaojeda

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