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Viernes , 17.08.2018 / 18:24 Hoy

Economía empática

De empleos e informalidades

Héctor Farina Ojeda

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Uno de los problemas más añejos de la economía mexicana es la informalidad. Alrededor del 60 por ciento de población ocupada se encuentra en la informalidad, lo que implica que trabajan sin ingresos fijos, sin prestaciones, sin seguridad y en medio de mucha precariedad. Y esto es un problema serio en una economía que tiene niveles de pobreza elevados, que requiere generar empleos y mejorar ingresos, pero que sólo alcanza a crear puestos laborales precarios e insuficientes. Nos encontramos frente a la urgente necesidad de incrementar el nivel de ingresos de la gente pero, al mismo tiempo, el mercado laboral tradicional está sobrepasado y por ello la informalidad se presenta como una de las opciones más atractivas.

Los datos del Inegi dan cuenta de que en el segundo trimestre del año la tasa de desempleo fue de 4.3 por ciento, lo cual representa una cifra menor a la habitual en los últimos años, en los que siempre estuvo alrededor del 5 por ciento. Sin embargo, el que haya menos desempleo no implica que los que lograron conseguir un trabajo tengan buenos salarios, prestaciones, seguridad o la certeza de que irán mejorando. Al contrario, la necesidad de la población es imperiosa y requiere soluciones rápidas, por lo que no hay tiempo para esperar a una economía lenta que genera empleos formales insuficientes y que tarda mucho en distribuir oportunidades para todos. Por eso, lo rápido y lo práctico están en la informalidad, con todos los riesgos y limitaciones que ello implica.

Hace unos días, uno de los hombres más ricos del mundo, Carlos Slim, dijo que la única manera de acabar con la pobreza es mediante el empleo, y que se requiere de una mayor atención a la tecnología y a la educación. La pregunta de fondo es cómo generar los empleos que se requieren en un contexto en el que la corrupción y la informalidad tienen preponderancia. Que se necesitan empleos para generar ingresos es una verdad de perogrullo, pero la aplicación de esta fórmula es una materia pendiente desde hace décadas. Pareciera que el orden, la capacidad de gestión y la planificación estratégica no son los fundamental en administraciones acostumbradas a operar en el caos y la informalidad.

México necesita generar por lo menos 1.2 millones de empleos por año, pero con suerte se llega a cubrir la mitad de lo requerido. En tanto, la informalidad crece y se multiplica como una válvula de escape, pues la gente busca sus oportunidades conforme a sus necesidades. ¿Podemos reducir la pobreza con estos niveles de informalidad?

La urgencia de formalizar la economía no pasa por cobrar más impuestos sino por ofrecer mejores opciones para emprender, para acceder a créditos y apoyos, para operar dentro de la legalidad y para no sentir que al pagar un impuesto se está ante un recurso perdido. Aprendamos de los nórdicos, que hicieron de la formalidad un negocio rentable: pagan impuestos con la certeza de que es una buena inversión para la sociedad. Debemos empezar a poner orden en la economía para construir certezas.

Twitter: hfarinaojeda

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