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Martes , 18.09.2018 / 09:06 Hoy

Economía empática

Consolidar la economía

Héctor Farina Ojeda

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Uno de los grandes desafíos para la economía es lograr el fortalecimiento interno que permita hacerle frente a todas las inestabilidades externas que siempre amenazan el crecimiento, el empleo, el comercio y, en general, las actividades que generan riqueza. En este sentido, México se encuentra en un proceso de recuperación y consolidación gracias a las exportaciones, las inversiones, el consumo y la creación de empleos, según las afirmaciones de Gabriela Ramos, directora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La visión de la representante del organismo internacional es optimista en cuanto al escenario económico mexicano, aunque reconoce que falta inversión en infraestructura, mejorar el combate a la pobreza, así como mayor inclusión para las mujeres en el mercado laboral. En medio de los riesgos del proteccionismo, de la incertidumbre por las medidas del gobierno estadounidense y de un inicio de año bastante complicado, los pronósticos para la economía se encuentran en mejoría. Claro que todo esto debe entenderse como el valor de la estabilidad luego de la turbulencia y la incertidumbre.

Que las perspectivas macroeconómicas comiencen a recuperarse es una buena noticia. Pero con los indicadores de crecimiento -que siguen en niveles mediocres- o con los números de las inversiones o las exportaciones, no alcanza para lograr la consolidación que se requiere. Han pasado demasiadas décadas de grandes números que no han podido revertir ni en lo más mínimo las condiciones de pobreza en las que vive cerca de la mitad de la población. Al contrario, lo que se ha consolidado es una desigualdad que marca un abismo entre los pocos que concentran la riqueza y los millones que sobreviven en la escasez.

Resulta curioso que en los tiempos líquidos, en donde todo es de naturaleza inestable y cambiante -como explicaba el sociólogo polaco Bauman-, muchas economías busquen consolidaciones y blindajes, cuando la naturaleza del momento es el movimiento, la transición. Precisamente, un ejemplo de la necesidad de la transición es el cambio que se está dando en la generación de empleos: la tecnología está reemplazando paulatinamente la mano de obra, sobre todo en los sectores primarios y manufactureros, por lo que -paradójicamente- para consolidar la economía hay que fluir hacia los servicios, hacia el conocimiento aplicado y el desarrollo de nuevas habilidades.

La recuperación de la economía no será suficiente si no se internaliza, es decir, si sus bonanzas no alcanzan a las capas profundas y olvidadas de la sociedad en donde la condición de vida es la pobreza. Y para lograr esto hay que trabajar desde dentro en la formación de la gente para que sume a la transición a una economía de servicios, del conocimiento, de nuevas demandas laborales y de nuevas habilidades. La estabilidad en un escenario de constante precariedad no sirve más que para unos pocos. El desafío de ahora es movilizar a las fuerzas vivas para lograr una economía más dinámica y equitativa.

@hfarinaojeda

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