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Sábado , 15.12.2018 / 01:48 Hoy

Economía empática

Cambios y transiciones

Héctor Farina Ojeda

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El inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador genera muchas expectativas: para la gente históricamente relegada y olvidada en la pobreza, para los mercados financieros -altamente nerviosos en los últimos meses-, para los empresarios y para la sociedad en su conjunto que espera un giro de timón hacia mejores destinos.

Un primer aspecto destacado en el discurso es la clara alusión hacia lo social: los pobres, que representan a cerca de la mitad de la población del país, ocupan un lugar central, por lo que las políticas públicas, las obras de infraestructura, los apoyos sociales, las becas, pensiones y la generación de empleos apuntan hacia ahí.

Dentro de un contexto de cambios propuestos, que hacen vislumbrar una ruptura con un modelo, se trata de articular dos esferas que necesitan combinarse: por un lado, mediante el anuncio de estabilidad, de no incremento de la deuda pública y del respeto a los contratos ya establecidos, se busca la confianza de la iniciativa privada y con ello generar condiciones para la radicación de inversiones. Por otro lado, las promesas sobre la reducción de impuestos, la disminución del precio de la gasolina (dentro de tres años aproximadamente), el incremento del salario mínimo y las becas y jubilaciones para estudiantes y adultos mayores, respectivamente, tienen como objetivo favorecer a los de menores ingresos.

Si bien la crítica apunta hacia el modelo neoliberal como responsable del “desastre”, queda pendiente saber qué tipo de modelo será el reemplazante. No será una tarea inmediata sino que se irá dando mediante pequeñas transiciones: mediante los cambios en las instituciones, las batallas contra la corrupción, las medidas económicas y, fundamentalmente, la forma y el destino de las inversiones. Hay un consenso contundente sobre la necesidad de combatir la corrupción y utilizar mejor los recursos públicos. La gran duda es saber cómo se logrará esto ya que el enemigo es gigantesco y fantasmal, y ha infiltrado a las esferas de la vida pública.

Hay una gran esperanza de cambio y es un buen momento para recuperar la confianza en el futuro económico, aunque todavía hay claroscuros en las propuestas, como la incertidumbre de saber de dónde saldrán los recursos que servirán para financiar, en forma sostenida, los diversos proyectos sociales que se anuncian.

Estamos ante un escenario en el cual hay que revertir décadas de pobreza enraizada, con una desigualdad abismal y una tendencia a la concentración de la riqueza en muy pocas manos que será difícil de romper. Hay que descomprimir el acceso a la riqueza, a las oportunidades y a la educación de calidad. Y esto será complicado, muy complicado.

Todo apunta que estamos ante una era de cambios. Pero estos no serán drásticos ni milagrosos, sino paulatinos, en pequeñas transiciones. La solidez de los pasos se verá en el siguiente presupuesto: ahí se dibujarán la naturaleza de los cambios reales y la proyección en el tiempo. Se inicia la transición como dice la frase: “poco a poco”.

Twitter: @hfarinaojeda





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