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Viernes , 22.06.2018 / 10:33 Hoy

Columna de Héctor Diego Medina Basave

Imparcialidad imposible (3 de 3)

Héctor Diego Medina Basave

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Con la profunda división que se vive en Estados Unidos entre trumpistas y antitrumpianos, y añadiendo el “estilo” altamente provocativo de comunicar del presidente, la reacción de los demócratas ha sido también, en ocasiones, exagerada y muy parcial, sin la capacidad de ver nada bueno en lo que la administración actual está haciendo (porque sí hay algunas cosas buenas). Es decir, son los mismos conflictos de siempre entre un partido y el otro, pero además están las broncas nuevas derivadas de la comunicación peculiar de Trump, y por tanto lo reaccionario de las respuestas.

Que Trump presuma sus logros, y que los demócratas critiquen sus errores, no sería del todo negativo si el presidente no creara, también, historias a las que se adhiere, consciente o inconscientemente, y las cuales lo perseguirán como zombies incesantes por el resto de su vida política: si Trump dice que gracias a él las acciones están subiendo, lo lógico sería pensar que también es gracias a él cuando las acciones bajan. Igual los demócratas han estado reaccionando de manera visceral en algunos momentos, perdiendo toda inteligencia emocional: si Trump no tuvo absolutamente nada que ver en que la tendencia económica positiva se acelerara, entonces es muy difícil achacarle una caída de la bolsa, así como también es complicado indignarse ante un discurso del Estado de la Unión, cuando las indignaciones conservadoras de la época de Obama, eran vistas como “exageraciones”.

APUNTE SPIRITUALIS. Pero la lógica ya no aplica del todo y esto es peligroso. Trump es un símbolo de la división que ya venía generándose desde antes. De hecho fue posible su llegada a la Casa Blanca por lo mismo. Ahora el círculo vicioso sigue dando vueltas, y las sanas discusiones políticas se convierten en pleitos irracionales, en la fútil tarea de ver quién gana el debate mediático, que por la naturaleza del mismo, es imposible ganar, porque nadie, nunca, cederá ni un ápice, y la guerra de palabras, o peor aún, la de acciones sin moderación, continuará. (Fin de la serie)

hectordiego@gmail.com

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