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Psi y que

Síndrome del viajero urbano

Héctor Cerezo Huerta

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Metro de CDMX, 6:30 am. La madrugada me trajo a rastras y ahora los vagones arrebatan mi sueño. Mi mochila se aferra a mi espalda como el alpinista a su cuerda y mis audífonos acompañan mi delirio musical. Un tarareo viene a mi mente ante los remolinos de gente, aquella cantaleta de Chava Flores que versa: “¡Voy en el metro, qué grandote, rapidote, qué limpiote! ¡Qué deferencia del camión de mi compadre Jilemón que va al panteón!” Algo tengo que hacer para tolerar la agonía que se prolonga en tiempos de lluvia y horas pico, la invasión de los espacios vitales y la violencia de masas, incluyendo por supuesto al acoso sexista que enfrentan infinidad de mujeres.

Los vagones vomitan ciudadanos aparentemente idénticos, pues todos caben en esa lata de sardinas sabiendo taclear. Sin embargo, nuestros sistemas de transporte, proyectan una profunda inequidad: vivir en una metrópoli que no está planeada para que todos la disfruten y cuyas políticas públicas no proporcionan soluciones de movilidad urbana que beneficie a todos los segmentos de la población sin distinción de ingresos o capacidades, permitiéndoles acceder a todos los rincones de una ciudad (Medina, 2015)

En el subsuelo de la Ciudad de México se mueven 5 millones y medio de personas diariamente. Y a pesar de la ingenua campaña que presenta imágenes de paisajes en los andenes de algunas estaciones para disuadir a los suicidas y de la colocación de luces blancas, paredes pintadas de colores cálidos, proyecciones en los andenes y exposiciones artísticas; la belleza es fugaz, el estrés se agudiza y la masificación exaspera. Ingenuidad y pseudociencias son una pésima combinación, pues entonces terminaríamos suponiendo que, viajar en metro es un ejercicio quiropráctico con masaje erótico incluido, tacleadas y caídas emocionantes, baño sauna y aromaterapia. De hecho, un análisis realizado en 146 ciudades por la firma de geolocalizadores TomTom, concluyó que la Ciudad de México fue considerada la segunda más congestionada del planeta, rebasada sólo por Estambul, Turquía. Saberlo no ayuda y por ello, ahora recurro a German Dehesa, pues comprendo perfectamente aquel “caminante en el aromático metro”, ese “perro café en periférico” .

¿Qué hacemos? Altamirano (2015), sugiere mejorar sustancialmente la calidad y diseño interior del transporte público, mayor seguridad para caminar y andar en bicicleta y fundamentalmente; flexibilidad empresarial, pues ante un escenario gris, algunas posibilidades se asoman, tales como el aprovechamiento de redes de trenes suburbanos que conecten municipios y delegaciones, la modificación de horarios laborales, la reubicación del centro de trabajo, el trabajo remoto y el uso comunitario de transportes empresariales. Al volver a CDMX, temo que Puebla tiene un final mucho peor en términos de movilidad.

@HectorCerezoH

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