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Lunes , 20.08.2018 / 20:15 Hoy

Psi y que

Reflexión “profunda” sobre ideas sin importancia

Héctor Cerezo Huerta

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Te advierto que leerme es una gran pérdida de tiempo, únicamente superada en proporción por la enorme "pérdida" de tiempo que representa para mí, escribir esta columna, si no reflexionas o al menos, dudas. No he llegado al nivel de adivinación como la mayoría de los pésimos psicólogos que existen hoy en día y por lo tanto, desconozco si evalúas la pertinencia argumentativa. Como siempre, la última palabra la tienes tú como lector y como sujeto pensante. Además, diversos experimentos en psicología social (Evans, 2004), han demostrado que los humanos tenemos cierta tendencia a evaluar más positivamente los argumentos que respaldan nuestra opinión y a evaluar más negativamente los que presentan razones en contra. Al respecto, Trudy Govier (2010) afirma que solemos tener estándares débiles para juzgar afirmaciones y argumentos que se ajustan a nuestras creencias previas y estándares mucho más fuertes para juzgar afirmaciones y argumentos que no nos gustan.

Intento defender a mi disciplina; la Psicología, ejercerla como una profesión indispensable en tiempos aciagos y pletóricos de cognicidio (Cerejido, 2012) y combatir sin escrúpulos la irrupción del esnobismo, el fanatismo y las pseudociencias y debido a ello, sobran los "ofendidos" que no dejan de vomitar como bulímicas consagradas, sus píldoras de autoayuda ante mis críticas. Hace unos días, una de estas plagas de la ciencia (Coach) balbuceaba: "Es mejor promover lo que te encanta, que atacar lo que no te gusta". Le respondí con un rico supositorio del mismo calibre diciéndole: "No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos, en tu caso como un oportunista. La sociedad postmoderna pretende sustituir al filósofo, después al Psicólogo y hasta al neurocientífico por tus soluciones individualistas, ahistóricas y banales. Mi ciencia es como un "supositorio", sus planteamientos no resultan cómodos, pero paradójicamente pueden iniciar un alivio del relativismo que se ha impuesto como síntoma social.

¡Qué difícil debe ser "trabajar" como intruso! Todo el maldito día con la máscara de "Felicidad", defecando clichés, contando los mismos ejemplos y la misma narrativa insaciable que coloniza cualquier práctica de subjetivación y condena a las tinieblas, la racionalidad. No cabe duda, que hay quienes prefieren la necesidad de la queja vestida de paz y no la necesidad de la "cura". Creo que me volveré Coach, Programador, Motivador, Hipnotista o Biodescodificador, empezaré a tirar buen rollo y tautologías abundantes, ese que las masas demandan y aplauden. Así, contribuiré a silenciar al trabajador para que ya no luche por mejorar las condiciones de su puesto, para que no asuma conciliación con su vida personal como derecho legítimo y mire con odio al que piensa y devela la esquizofrenia de la organización. Ese es el rol de infinidad de colegas, lograr que el alienado trague mierda con gusto y hasta con sabor a caviar. Es una ingenuidad creer que la pseudociencia ha opacado el trabajo del Psicólogo, en realidad hay más locos sin atender pero con mucha más audiencia y complicidad.

@HectorCerezoH

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