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Viernes , 20.07.2018 / 23:16 Hoy

Psi y que

Moris y Ethos

Héctor Cerezo Huerta

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Todo mundo habla de la moral y la ética en las universidades, aunque hay quienes siguen creyendo que la "moral"es un árbol de moras y la "ética" un simple aderezo de las profesiones.

"Éthos" parece haberse convertido en un simple eslogan publicitario, en una estrategia con tintes políticos o en el pretexto para que las instituciones educativas presuman que hacen lo debido. La realidad es que la enseñanza de la ética en su generalidad se limita al apego de códigos deontológicos y, en consecuencia, no se atiende a la generación y discusión de argumentos en el entorno crítico y reflexivo que debieran ser las aulas. Por otro lado, los aprendices y profesionales recurren a medios no éticos, no porque necesariamente les falten valores, sino porque carecen de la capacidad para reconocer sus propios principios morales y convertirlos en un comportamiento profesional apropiado.

Una revisión superficial de los programas de estudio de diez universidades públicas y privadas hegemónicas de la región golfo-centro de México muestra una presencia sumamente heterogénea de contenidos éticos en el currículum profesional. Así pues, en algunas instituciones predominan las asignaturas de naturaleza moral y ética sólo en los primeros semestres, mientras que en otras universidades se concentran en el penúltimo o último periodo y una minoría de universidades contemplan explícita y simultáneamente a la ética como estrategia curricular y no sólo didáctica y como carga temática en múltiples semestres mediante seminarios que contemplan temáticas sobre ética, política, sujeto, cultura, humanidades y ciudadanía.

Otro hallazgo interesante es que en ningún escenario universitario se contempla el análisis del código ético de las disciplinas particulares que ofertan como carreras profesionales, más bien las asignaturas son diversas y en particular las instituciones privadas consideran tales cursos como una buena oportunidad para insertar la "identidad" universitaria en cuanto a misión, visión, valores o incluso hasta nociones morales, religiosas y relativas a su ideario, himno y políticas institucionales que persiguen "sensibilizar" al estudiante de su papel como agente de cambio. Este aspecto no se identifica en ninguna de las universidades públicas, la cual propone criterios éticos universales y no motivados por una determinada tendencia moral.

La enseñanza de la ética no debe ser considerada como un aderezo de la profesión ni como la obediencia ciega a una lista de derechos y obligaciones, sino como el núcleo formativo de la disciplina y la condición indispensable para un aprendizaje efectivo, de lo contrario las universidades seguirán produciendo generaciones de egresados vacíos y pragmatistas, en lugar de profesionales críticos, reflexivos, libres y autónomos capaces de pensar por sí mismos, de comprender el sufrimiento ajeno y poseer una mirada crítica sobre su contexto histórico y cultural.

Todo ello implica transitar, como nos enseña Aristóteles, de la primera a la segunda naturaleza; el tránsito de nuestra parte biológica y meramente sensible a nuestra parte noética o conceptual, o también, como nos enseña el filósofo alemán Hegel, formación (Bildung) significa "pasar de lo particular a lo general". La ética es razón práctica, es decir, la ética consiste en internalizar principios racionales y razonables de acción que guíen nuestra conducta.

Twitter: @HectorCerezoH

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