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Lunes , 12.11.2018 / 21:16 Hoy

Psi y que

La letra que enferma: Escuelas que matan

Héctor Cerezo Huerta

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Hace quince años, trabajé como Asesor Académico en una universidad pública, formadora de educadores, en donde la dirección de la organización y los tramos de control se concentraban en una sola persona que confundía, las actividades de su posición con la ejecución de caprichos personales, y que gustaba aplicar de modo autoritario y según sus creencias personales, la gestión académica. Situación -por cierto- nada extraña para quienes trabajamos en instituciones educativas de nivel superior. Infinidad de directivos suponen que las universidades se dirigen igual que un table dance, un restaurante o un circo con animales, con la sutil diferencia que, en el table, restaurante y el circo, sí saben lo que hacen.

Volvamos con el directivo. El hecho ya era sui géneris, sin embargo, el funcionario se presentaba como un educador “crítico” y recurría insistentemente a citas de Freire, Mc Laren, Althusser y Bourdieu. La realidad era diferente; ocupaba el puesto por asignación de un político banal y lo usaba para acceder a otro de mayor jerarquía, establecía alianzas solo con quienes le ofrecen “fidelidad” y servilismo complaciente, ofertándoles a cambio; cargas académicas de tiempo completo, continuidad en su espacio laboral e incluso, desvincular a quien cuestionara su estilo autocrático o liberal, según le conviniera. Ante semejante escenario, las preguntas obligadas son ¿por qué tal disonancia entre el discurso y las acciones? ¿Es un simple fenómeno de autoritarismo rigorista? ¿Ausencia de experiencia como gestor y líder? ¿Vulgar ignorancia sobre el desarrollo organizacional? Las respuestas no son fáciles, pero revelan las contradicciones institucionales que violentan e invalidan la función educativa.

Si bien es cierto que, los directivos escolares rara vez reciben una formación específica para desempeñar su función, confunden la atracción estudiantil, con la inducción al ambiente universitario, la vivencia, la incorporación al mercado y el seguimiento estrecho de sus egresados. Olvidan también, el diseño de un ambiente laboral basado en principios éticos, la retención estratégica de capital humano, en especial de aquellos que han logrado un conocimiento profundo de su organización (profesores), la función estratégica de la tutoría, el acompañamiento psicopedagógico, la división tajante entre los asuntos personales y las responsabilidades laborales y la interacción entre alumnos y profesores. En el mejor de los casos, los directivos se orientan por alguna oxidada racionalidad técnica y económica que pregona la plaga de las competencias, el credencialismo y las acreditaciones como sinónimos de calidad, el estilo ejecutivo, la “buena vibra”, el coaching a los colaboradores, los salarios emocionales y demás jaladas del éxtasis posmoderno.

En fin, no me canso de satirizar a estos “directivos”; tan ignorantes, tan vulgares, tan abusivos, tan incongruentes y tan impunes. Después de muchos años, descubrí que lo que más les duele es la sátira y la crítica argumentada, lo que a mí se me da por herencia familiar y de manera casi inherente ¡Disfrútenlo!

@HectorCerezoH
hectorcerezo@hotmail.com

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