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Martes , 11.12.2018 / 09:02 Hoy

Psi y que

La enseñanza mata

Héctor Cerezo Huerta

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Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014), México es el país con mayor porcentaje de estrés vinculado al trabajo, 75% de los empleados padecen este problema y 25% de los infartos derivan de una enfermedad relacionada. A nivel educativo, las políticas implementadas por las universidades mexicanas -particularmente privadas- han degradado el trabajo académico y se comprueba que las exigencias de dichas instituciones hacia sus profesores en ningún sentido son proporcionales a sus salarios y posibilidades para desarrollar un proyecto académico.

Los estresores del trabajo docente son múltiples. El currículum abate al investigador y lo convierte en un simple burócrata. Se les incentivar a publicar mucho y no a publicar bien (aunque menos). La relación del profesor con alumnos y con otros colegas representa también una variable de desgaste profesional, sobre todo porque las universidades se asumen como una empresa y por ende, predomina una concepción pedagógica propagandística y se acepta esa idea infecto-contagiosa de egresar en serie: "líderes y emprendedores" y no en formar personas. La falta de autonomía, el tipo de contrato y el clima laboral configuran otros elementos que agotan la vida del docente universitario. La capacitación ausente o inadecuada, el perfil mediocre de los directivos -ahora coaches- la insistencia en concebir al currículum y a las credenciales como un fetiche, ocasionan que al profesor universitario se le trate rutinariamente como si fuese un mentiroso, y se le obligue a probar la verdad de cada cosa que pone en su currículum (Lomnitz, 2016).

El desgaste profesional del docente termina por generar enfermedades ocupacionales asociadas a la sobrecarga laboral, a un clima socioemocional nocivo y a la falta de oportunidades (Freudenberger, 1974, Aronson, 1988, Maslach, 1976). El deterioro físico y emocional, la sensación de fracaso y agotamiento, decepción, anhedonia y despersonalización se suman a la incertidumbre laboral, a la popularidad del régimen outsourcing y a la imposibilidad de accesar a servicios sociales.

Innumerables universidades ya no son ese espacio seguro, acogedor y respetuoso que apreciaba nuestra capacidad para influir en las vidas de otras personas; son simples negocios dirigidos por mercenarios que adoran implementar estrategias institucionales policiacas: "vigilar y castigar". El asalto neoliberal a las universidades (Chomsky, 2014) ha sido completado en el último bastión del pensamiento crítico. Cuidar, enseñar, dialogar, aprender, deliberar y proponer ha dejado de ser importante para los vulgares tecnócratas.

Twitter: @HectorCerezoH

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