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Domingo , 09.12.2018 / 13:52 Hoy

Psi y que

Hágalo usted mismo: Sea feliz

Héctor Cerezo Huerta

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"Hoy, al despertar, abrí el armario de mi vida con la duda ¿Qué me pongo? No lo pensé mucho y decidí ponerme feliz" Hágalo usted lo mismo, igual que construir un mueble pequeño o instalar WhatsApp en nuestros dispositivos. Connotar a la felicidad como una decisión individual implicará también, culparnos de nuestro propio infortunio y además reducir el contexto histórico a la lógica del mercado en la que todo adquiere forma de mercancía ¿En qué medida las idealizaciones de la felicidad emancipan o atrapan al sujeto de la posmodernidad? La felicidad no es una elección personal. Sí así fuera, no existirían la avalancha de tecnologías que prometen fluir, mejorar los estados de ánimo y reducir el estrés como lo pregona la psicología positiva, gestionar la autorregulación y la empatía tal como lo promete la inteligencia emocional, comernos el mundo a bocanadas motivacionales, igual que el caballo que corre tras la zanahoria, tal cual lo hace el coaching o "darnos cuenta" como lo asume el dogma humanista.

No importa la tecnología, como afirma Dessal (2008): "Cada sujeto está llamado a aprender a llevar su vida sin el amparo de lazos ideológicos o políticos; este individualismo es lo que impera hoy globalmente en el discurso de la modernidad.

La felicidad también es víctima de la obsolescencia programada. Cada época ofrece imágenes arquetípicas, prototípicas, de lo que es la felicidad. Ser feliz es una cuestión política, ser feliz es asumir que el hombre se encuentra inmerso en el mundo absurdo, ser feliz implica adquirir la consciencia de Sísifo, al comprender la inutilidad del reiterado acto de llevar la enorme roca hasta la cumbre de la montaña, y no creer que la lucha hacia las cima llena el corazón de dicha. Ser feliz significa abstenerse de abundar a las narrativas que pretenden definir y alcanzar el algoritmo de la felicidad, o poseer un saber sobre en qué consiste; y sustituirlo por la noción de pensar y desear.

Así pues, los psicólogos somos precisamente los más incompetentes en discutir en torno a la felicidad pues carecemos de argumentaciones sociológicas acerca del neoliberalismo y filosóficas que destrozan el constructo de felicidad actual, pero sí adoramos las reducciones psicologistas y emocionales directas e inmediatas. Los psicólogos somos expertos en crear problemas que ahora mismo estamos tratando de resolver ¿En serio queremos contribuir a la salud mental y la felicidad? Entonces empecemos por aceptar que la infelicidad, la depresión o los suicidios se concentran en sociedades profundamente desiguales, clasistas y en las cuales se priorizan valores materialistas y altamente competitivos.

Lo reitero, son las bellas épocas de la pasión por la ignorancia. Mi intención, no obedece a un deseo perverso de hostigar a los Psicólogos ni mucho menos pretendo favorecer al pesimismo. Al menos, a mis usuarios suelo decirles que, reconciliarnos con el síntoma nos alivia de la fatigosa carga de buscar la felicidad y reconocer su propia singularidad.

Twitter: @HectorCerezoH

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