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Domingo , 23.09.2018 / 23:24 Hoy

Psi y que

El delito de ser mujer

Héctor Cerezo Huerta

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El hombre violento y que eventualmente asesina a su pareja es la consecuencia de un sin número de factores precedentes, tales como una historia infantil asociada al maltrato, la presencia de una familia disfuncional y la influencia de pautas histórico-culturales sexistas de corte patriarcal, que mantienen y favorecen la superioridad masculina y la subordinación femenina. Se han reconocido también variables psicopatológicas, neurobiológicas, económicas y hasta genéticas de los hombres violentos y homicidas, que no son necesariamente agentes causales, sino aspectos que incrementan la probabilidad de conductas violentas u homicidas.

En opinión del Psiquiatra Luis Bonino, la subjetividad masculina rígida y tradicional de autosuficiencia, dominio y control, se construye a través de cuatro pilares: 1) la masculinidad se define por el alejamiento con lo femenino, es decir "No somos mujeres"; 2) la masculinidad se valora por la identificación con el padre o figura de poder y así el discurso infantil proclama "Mi papá lo puede todo, yo quiero ser como él"; 3) la masculinidad se construye sobre la base de la violencia como modo legítimo de relacionarse y por ello "Los hombres somos duros y arriesgados"; y, finalmente 4) la masculinidad se genera en la lucha y rivalidad contra el padre o autoridad, y entonces gritamos al mundo "Debo superar a todos, yo soy mejor".

Cada pilar da lugar a conflictos diferentes a nivel social. Así, atendiendo al orden anterior, se generan hombres homofóbicos, hombres orientados exclusivamente hacia el poder, el logro y el estatus, hombres esencialmente violentos y hombres fríos, que no lloran y nada parece conmoverlos.

En este contexto, la mayoría de los homicidas de este tipo tienen rasgos psicopáticos y antisociales, es decir comprendenla criminalidad de sus actos. No están "locos" en un sentido estricto, ni tampoco son los "animales" que la opinión pública construye en su afán de explicar lo incomprensible. Más bien, sus actos proyectan las formas más extremas de violencia hacia las mujeres y la cosificación hacia sus parejas. El mensaje implícito que nos envían sus homicidios, es que ellas no tienen derecho a sentir, ni a tener opiniones y decisiones válidas. El homicida de mujeres es un criminal por convicción; aplica la violencia para mantener el comportamiento de la mujer dentro de parámetros de supuesta "conveniencia y orden" guiados exclusivamente por su voluntad, por ello el espectro violento previo entre estas parejas es tan amplio y a veces invisible; abusos verbales, psicológicos, sexuales, económicos, patrimoniales y físicos.

La solución a la violencia de género y los feminicidios no radica en la impartición de talleres, charlas motivacionales en las escuelas o en asentar una comunicación fluida entre padres e hijos. Hemos de apostar por acciones preventivas de la salud mental comunitaria, por el diseño de políticas públicas basadas en la evidencia científica y por la conformación de equipos multidisciplinarios de profesionales con visión de género que cuestionen los valores, creencias y mandatos psicológicos y socioculturales sobre lo que "debe ser" un hombre y una mujer, pues eso es precisamente lo que está en la base de esta escalada de violencia, por la falaz posición existencial de superioridad-subordinación que promueve.

Twitter: @HectorCerezoH

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