• Regístrate
Estás leyendo: Cuando la vida vale un “Like”
Comparte esta noticia
Jueves , 21.06.2018 / 07:24 Hoy

Psi y que

Cuando la vida vale un “Like”

Héctor Cerezo Huerta

Publicidad
Publicidad

Albert Einstein (1970) afirmaba en tono profético: "Temo el día que la tecnología superará nuestra interacción humana. El mundo entonces, tendrá una generación de idiotas". En plena época post-contemporánea, los ciudadanos han crecido teniendo como nana a las tecnologías digitales, las redes sociales y un acceso ubicuo a internet. Hoy, tener una cita, intentar impartir una clase, manejar un auto sin temor de ser "chocado" por un idiota digital, dialogar mientras se degusta un café, tolerar la interacción laboral, sostener una relación de pareja o establecer intimidad comunicativa mediante un intercambio genuino de ideas, resulta un verdadero desafío por la acentuada tendencia al tecnocentrismo y superficialidad de los vínculos humanos.

¿Cuántas veces en plena conversación con una persona "digital", aquella está absorta con su dispositivo en turno? Tales conductas, me recuerdan la imposibilidad comunicativa y bloqueo emocional de mis pacientes con síndromes autistas o psicóticos que apenas usan la mirada y el lenguaje y que, concentran sus limitados recursos cognitivos en el fetiche, debido quizás a una permanente vinculación con el mundo virtual, lo cual ha generado una marcada inhabilidad y desapego por la interacción humana real.

En este sentido, apelando a la metáfora del reloj de Julio Cortázar (1987), parece ser que la nueva prisión reside en los dispositivos y que los idiotas actuales, son esclavos de un "goce" que regula su existencia. Así, los hogares de los nativos digitales se han convertido en los "muros" de la red social, el cordón umbilical con la vida real y cotidiana es la conexión virtual con el "chat", los secretos e intimidad comunicativa ahora son "inbox", las demostraciones de afecto ahora son un "toque", los intereses, acuerdos, "te quiero" o "me gustas" ahora equivalen a un vulgar y ansiado "Like". Ahora, hasta los vínculos amorosos no son tales si no se confirman con el cliché "en una relación" en Facebook. En opinión de Boschman (2008), las redes sociales parecen mostrar personas más frágiles emocionalmente, poco tolerantes a la frustración, habituados a la gratificación inmediata y al merecimiento sin esfuerzo consistente, menos felices, más tendientes a la depresión, a la ansiedad crónica y a la procastinación. Por su parte, Small y Vorgan (2008) advierten que el uso de las redes sociales no es para nada inocente; nuestra personalidad es atrapada por su peculiar estructura tendiente al hedonismo, gratificación inmediata, activación erótico-sexual y dependencia gradual para lograr la socialización y vínculos que paradójicamente no se logran en la realidad. ¿Cuánto tiempo pasas revisando tus dispositivos? No me contestes; hazlo de forma que nadie lo sepa. Sin embargo, ¿sabes una cosa? El abuso de las redes sociales también constituye un verdadero imán para personas obsesivas-compulsivas, depresivas y neuróticas que reafirman su gran afinidad a relacionarse mejor a través de un dispositivo que atreverse a relacionarse y sentirse vulnerables en la interacción humana real (Estroff, 2008).

Twitter: @HectorCerezoH

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.