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Jueves , 21.06.2018 / 05:58 Hoy

Psi y que

Ateo…Gracias a Dios

Héctor Cerezo Huerta

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Parece que cuanto más misteriosos, incomprensibles o dolorosos resultan los fenómenos de la vida cotidiana, la mente humana asume con mayor fuerza la presencia de "Dios". La ciencia supone que la verdad yace en el planteamiento de nuevos cuestionamientos y en la búsqueda metodológica de respuestas. La religión por su parte, se basa en un conocimiento divino, el cual fue obtenido por medios que no pueden expresarse a través de la razón, es decir, el creyente sabe que sabe, aunque paradójicamente no sepa cómo demonios lo sabe.

Sin el ánimo de discutir sobre su existencia, pero sí sobre su utilidad; las religiones y sus dioses no están funcionando como un vínculo productivo entre el mundo exterior y nuestros mundos interiores, por lo que debo advertirte que leer esta columna podría ocasionarte conflictos irremediables con tus dogmas.

Pobre "Dios", debe estar decepcionado de mí y del 4.6 por ciento de la población mexicana que declaró no ser adepto a religión alguna (Censo Nacional de Población, 2010). "Dios", crea personas inteligentes y éstas al ser inteligentes dejan de creer en él. Aún más iracundo estará conmigo, al confirmar la creciente apatía religiosa de los jóvenes. Conozco demasiado bien las razones por las cuales las personas necesitamos creer en "Dios" como para seguir creyendo de formas fanáticas y aberrantes sin cuestionarme.

La religión es una característica propia de nuestra especie y de hecho, no existe civilización por primitiva que sea, que no crea en uno o más dioses. Como lo explica el Psicólogo cultural Joseph Watts (2015), la amenaza imaginaria de un castigo sobrenatural e infringido por un ser tan poderoso que resulta imposible engañarle, puede limitar el egoísmo y fomentar la colaboración, aspecto que ha resultado determinante para el complejo desarrollo de las sociedades humanas. De esta manera, las normas morales quedan reforzadas y es menor la proporción de individuos que las transgreden. En términos contundentes, la religión funciona como un eficaz mecanismo de control socio-político mediante la divulgación de un gran "Dios" moralizador.

Así también, diversos estudios científicos han demostrado la relación entre las concepciones de "Dios" que mantienen las personas y el perfil de salud mental del creyente. De tal modo, las creencias amorosas acerca de "Dios" tienen una correlación discreta con una mejor salud mental, en particular con una elevada autoestima (Benson y Spilka 1973). Otras investigaciones han encontrado una asociación inversa entre la creencia en un "Dios" punitivo y el bienestar psicológico, es decir la creencia en un "Dios" cruel y castigador se asocia a depresión, angustia y baja autoestima (Pargament et al, 2000). Los datos anteriores demuestran que las creencias sobre "Dios", literalmente pueden aumentar o disminuir los síntomas psicopatológicos o psiquiátricos de las personas.

La libertad es una condición humana, no divina. La fe per se nunca nos proporcionará respuestas, sólo ha detenido las preguntas críticas. Es curioso, desde la inquisición ha sido precisamente la religión, en el nombre de ese "Dios", quien ha ejercido una encarnizada e imperdonable represión a todo lo que proclama libertad.

"Dios" es el acto político por excelencia; no hay mayor paraíso que el alivio y la congruencia, ni mayor infierno que la culpa.

Twitter: @HectorCerezoH

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