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Martes , 16.10.2018 / 19:03 Hoy

Día con día

Y cuando despertaron, el monstruo seguía ahí

Héctor Aguilar Camín

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Después del espectáculo de las convenciones estadunidenses, el enigma sigue ahí: ¿cómo es que al menos una mitad de los votantes de ese país sigue prefiriendo el esperpento desgañitado del bando republicano frente a la elocuente y refinada propuesta demócrata?

Hay algo en los candidatos, desde luego. El desprestigio de Hillary como política acomodaticia del establishment es enorme, solo inferior, pero semejante, al desprestigio de Trump como un loco impresentable.

Del lado de Trump quedan la anormalidad y el despropósito, pero también la conexión profunda con las emociones de la parte del electorado que no vive en el EU próspero que describen los demócratas, sino en el EU sombrío que describe Trump.

Del lado demócrata quedan el refinamiento y la experiencia, pero también la desconexión con las emociones de la mitad del país que hoy por hoy tiene imantada Trump.

Los demócratas son la mejor opción, por mucho, para los estadunidenses y para el mundo. Por su inteligencia, por sus logros, por su experiencia, por la seriedad y refinamiento de sus propuestas y por la calidad de su oratoria pública.

Pero no le parecen la mejor opción a la mitad de sus conciudadanos, que prefieren al monstruo.

Dijo bien el presidente Obama: en el mundo no se entiende lo que está sucediendo en Estados Unidos.

Hay la posibilidad de que tampoco los demócratas entiendan muy bien lo que está sucediendo y, a fuerza de pensar en Trump solo como el anormal que es, y en ellos mismos solo como la opción obviamente superior que son, hayan perdido el tacto de lo que sucede en esa mitad del electorado que va con Trump.

Esta posible ceguera tiene al menos un crítico punzante en el campo intelectual liberal: Thomas Frank, autor de un encendido alegato contra la complacencia del establishment demócrata: Listen, liberal, y colaborador de The Guardian.

Frank es un miembro apóstata de la tribu que critica, un gemelo intelectual y social de la muy talentosa y educada élite que ha dominado los gobiernos demócratas desde las épocas de Bill Clinton.

La crítica de Frank ayuda a pensar por qué los demócratas no conectan con esa mitad de los votantes estadunidenses que galvaniza Trump.

Glosaré sus críticas en los días que siguen. Tienen un escarmentado eco mexicano.

hector.aguilarcamin@milenio.com

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