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Sábado , 22.09.2018 / 20:04 Hoy

Día con día

“Gobernabilidad, ¿para qué?”

Héctor Aguilar Camín

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Esta es la pregunta que se hace el muy sólido Luis Rubio en un artículo reciente. Destaca tres ausencias, claves a su juicio, de la baja gobernabilidad mexicana (Reforma, 3/4/15).

La primera, que tenemos un régimen jurídico saturado de derechos sin las instituciones capaces de hacerlos efectivos.

La segunda, que tenemos un régimen presidencial que no puede generar mayorías absolutas y está siempre en minoría.

La tercera, que como consecuencia de lo anterior, no hay instituciones que gobiernen con la ley ni gobiernos que conduzcan el proceso con el poder que les da ser mayoría.

De manera que ni los consensos alcanzados en la ley ni el poder alcanzado en la política alcanzan para fijar el rumbo y dar continuidad al esfuerzo de transformación que requiere el desarrollo de México.

Nuestra última ilusión sobre cómo corregir el barco, dice Luis Rubio, fue el “mantra político —intelectual—” de que hacían falta las reformas llevadas a cabo por Peña y que “éstas, casi como por arte de magia, resolverían los problemas del país”.

Es evidente, dice Luis Rubio, que eso no está ocurriendo y que hay que buscar otra fórmula.

Como yo he sido, y sigo siendo, uno de los predicadores del “mantra” de marras, me siento invitado a comentar este punto diciendo que pedir resultados inmediatos a esas reformas es una manera de no entenderlas.

Luis Rubio las entiende de sobra, incluso cree que “pueden ser profundamente transformadoras”. Pero su urgente y lúcido alegato por la gobernabilidad parece condenarlas a la trivialidad. Me parece que en ese juicio hay un error de tiempos.

Nadie en su sano juicio dijo que estas reformas cambiarían al país de un día para otro. Juzgarlas desde la coyuntura actual es desentender su profundidad, es como haber juzgado el Tratado de Libre Comercio por los acontecimientos desastrosos del año 94, en que el tratado entró en vigor.

“Gobernabilidad, ¿para qué?”, pregunta Luis Rubio. Yo diría que, en primerísimo lugar, gobernabilidad para hacer realidad esas reformas. Mejor dicho: para irlas haciendo realidad en el tiempo de maduración que necesitan, que rebasa con mucho los tiempos y tribulaciones del actual gobierno.

hector.aguilarcamin@milenio.com

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