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Lunes , 15.10.2018 / 23:30 Hoy

Día con día

El huevo de la serpiente

Héctor Aguilar Camín

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Si alguien quiere conocer un caso real de las consecuencias de la política de descabezar cárteles, puede leer la crónica de Héctor de Mauleón en la revista Nexos de junio: “CJNG. La sombra que nadie vio”.

La crónica empieza en el operativo que da muerte al jefe original del Cártel del Milenio, el rey de las anfetaminas, Ignacio Nacho Coronel, en la ciudad de Guadalajara, el 29 de julio de 2010. Termina en las ejecuciones de policías y soldados hechas por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), mortífera incubación de aquel descabezamiento.

De Mauleón cuenta cómo se consolida a tiros la nueva camarilla rectora de un cártel cuyo bajo perfil era tal que su jefe, Nacho Coronel, no tenía escolta y se movía por la ciudad de Guadalajara como una gente más.

El líder del cártel heredero, el CJNG, es el ahora sombríamente célebre Nemesio Oseguera, El Mencho, que construyó su mando a sangre y fuego con sicarios venidos de todos los otros cárteles diezmados por el gobierno.

Dice De Mauleón:

“En momentos en que las grandes organizaciones criminales eran descabezadas por la guerra contra el narco y quedaban fragmentadas en pequeñas células, El Mencho Oseguera se dedicó a reclutar los grupos criminales que iban quedando huérfanos —Zetas, Templarios, La Familia michoacana”.

Configuró así lo que la DEA, absoluta propietaria intelectual de la teoría de descabezar a los cárteles, describe ahora como “el cártel que ha logrado esparcirse con mayor rapidez y ha llegado a alcanzar los niveles que tuvo el Cártel de Sinaloa”.

Este nuevo gran enemigo público de la seguridad en México, el CJNG, ha asesinado a más de cien policías, soldados y funcionarios desde que ejecutó al secretario de Turismo de Jalisco, José de Jesús Gallegos, el 9 de marzo de 2013. Una ejecución por semana.

Supongo que habrá en el aparato de seguridad del gobierno quien se pregunte hoy para qué mataron a Nacho Coronel aquella noche de julio de 2010 y qué resolvieron con eso.

Lo que agravaron está muy claro, bala por bala, en la crónica de Héctor de Mauleón.

hector.aguilarcamin@milenio.com

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