• Regístrate
Estás leyendo: Contra la fatalidad sísmica
Comparte esta noticia
Lunes , 15.10.2018 / 10:29 Hoy

Día con día

Contra la fatalidad sísmica

Héctor Aguilar Camín

Publicidad
Publicidad

Ciudad de México ha vencido ya a sus terremotos de la única forma que puede hacerse: tomando nota de ellos, y actuando en consecuencia como comunidad y como gobierno.

Hay que mirar de frente lo que sucedió no solo con valor y solidaridad, también con rigor científico, mejores códigos de construcción y más estrictos protocolos de protección civil.

El tamaño considerablemente menor de la destrucción del sismo de 2017, debe mucho a las regulaciones posteriores al de 1985.

Lección fundamental: no solo hay que recoger los escombros, hay que estudiarlos, entender sus causas, corregir sus errores. El adversario geológico de la ciudad es, ha vuelto a ser, el subsuelo arcilloso de sus antiguos lagos que aceleran las ondas sísmicas.

No toda nuestra ciudad está en riesgo de catástrofe sísmica, solo la mal construida y la asentada sobre la zona lacustre.

No hay nada invencible en eso. Cinna Lomnitz describió en qué consistían esas aceleraciones y cómo habían sido vencidas al menos en un caso monumental.

Las ondas de los sismos que se originan en la costa del Pacífico, al propagarse a través de la corteza terrestre, causan oscilaciones de amplitud cinco o seis veces mayor en la zona lacustre de Ciudad de México... Por este motivo, la Torre Mayor incorpora 96 amortiguadores en su estructura. A pesar de su gran altura (55 pisos), posee una gran resistencia a los temblores. Los amortiguadores evitan que el edificio se ponga a oscilar incontroladamente durante el sismo (http://bit.ly/2hs4HFa).

Repítase proporcionalmente el criterio de la Torre Mayor, o el de la Torre Latinoamericana, al resto de la construcción en la ciudad, particularmente en la zona del lago, y habremos vencido en algo al siguiente sismo.

No sabemos cómo es el adversario geológico de las decenas de miles de viviendas destruidas en Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla, Estado de México. Tampoco las costumbres de construcción local que deben ser reformadas.

“La lección es sencilla”, dice Cinna Lomnitz. “La cultura sísmica es buena cuando la tienen los gobiernos. El sismo es un enemigo que se ríe de los simulacros. Primero tenemos que estar protegidos. Nuestra defensa contra el sismo es un buen gobierno” (http://bit.ly/2fPWFCA)

Añado: con unos buenos ingenieros y unos buenos sismólogos detrás.

hector.aguilarcamin@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.