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Jueves , 21.06.2018 / 07:33 Hoy

Doble mirada

Sociedad atemorizada

Guillermo Valdés Castellanos

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Del total de familias en México, 30 por ciento tiene parientes de primer grado en EU y otro 19 por ciento, además de tenerlos, recibe dinero de ellos. En números absolutos estaríamos hablando de alrededor de 12 millones de familias con familiares al otro lado de la frontera, de las cuales poco menos de 5 millones son las beneficiarias de las remesas. Estos datos —obtenidos de la última encuesta GEA-ISA— dan una idea de la profundidad de la integración de las sociedades de ambos países. Es decir, son nexos reales, de carne y hueso, no abstractos como lo pueden ser las relaciones comerciales.

Esa es probablemente la principal razón del enorme temor que ha provocado en México el triunfo de Donald Trump y su mensaje abiertamente antimexicano, pues no se trataría de un daño a algo abstracto como las relaciones diplomáticas, sino a millones de personas cercanas y a los ingresos de muchísimas familias. A la pregunta ¿qué sintió usted cuando supo que Donald Trump será el próximo presidente de Estados Unidos?, las respuestas son: 40 por ciento preocupación, 26 por ciento enojo, 21 no supo y, por extraño que parezca, 7 por ciento dijo que sintió esperanza. 70 por ciento cree que la presidencia de Trump será dañina para los mexicanos que viven en EU.

A la pregunta qué tan perjudicial sería para usted y su familia que aumenten las deportaciones, 48 respondió que mucho y 24 que poco; si se confiscaran las remesas, 29 por ciento de las familias serían muy perjudicadas. Un dato extremadamente grave, puesto que no se trata de opiniones, sino de hechos, es que 45 por ciento de los entrevistados aseguró que se ha enterado por sus familiares y amigos que viven en EU que ya han sido objeto de algún tipo de agresión por su origen mexicano.

Frente a ese estado de desamparo y temor en que se siente la mayoría de los mexicanos por el futuro habitante de la Casa Blanca, no es extraño que demanden del gobierno de Peña Nieto una actitud de firmeza en la defensa de los intereses del país y de los familiares que viven allá. A la pregunta de si sería conveniente o no para el país que Peña Nieto invitara de nuevo a Trump a visitar México, 29 por ciento señaló que sería conveniente, mientras que 55 por ciento aseguró que sería inconveniente. Y si el estadunidense invitara al mexicano a la Casa Blanca, 51 por ciento opinó que Peña Nieto debiera rechazar la invitación, contra
31 por ciento que dice que debiera aceptarla. Además, 40 por ciento piensa que México debiera dejar de cooperar con EU en materia de seguridad, si el gobierno de Trump toma decisiones lesivas para México, contra 29 por ciento que dice que debiera continuar la colaboración; 42 por ciento opina que el gobierno de México debiera negociar contra 37 por ciento que dice que sería mejor combatirlas.

Ante todo esto, dos preguntas. La primera es si el gobierno —con la misma gente que cometió la enorme torpeza de invitar a Trump y darle un recibimiento inmerecido— tendrá la capacidad de diseñar una estrategia integral —no solo comercial— tanto para defender al país y a los mexicanos residentes allá, como para imaginar e instrumentar alternativas viables de desarrollo, en un contexto de proteccionismo y que no dependa tanto de la integración a Norteamérica.

Considerando lo que está en juego (el futuro del país, nada más), la segunda pregunta es si el gobierno piensa o no convocar a los otros poderes de la Unión, a los tres órdenes de gobierno, a la sociedad y al sector empresarial a participar en el diseño de la estrategia. O seguirá la ruta del Pacto por México, de buscar acuerdos con una cúpula cerrada y excluyente, de espaldas a la sociedad. Si acaban haciendo esto último, que no les extrañe después que los llamados a la unidad tengan la misma respuesta que las campanas que llaman a misa. Tres viejitas.

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