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Miércoles , 21.11.2018 / 11:09 Hoy

Doble mirada

Riesgos/ II

Guillermo Valdés Castellanos

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El primer componente de la gobernabilidad, un gobierno con capacidad de gobernar con eficacia presenta una situación ambivalente, ya que tiene factores a su favor (un presidente poderoso con una legitimidad muy sólida y mayoría en ambas cámaras del Congreso), pero otros que pudieran ser obstáculos severos si no se resuelven adecuadamente: políticas poco claras y no adecuadas en áreas claves como la seguridad y el combate a la corrupción. Tema fundamental para garantizar la eficacia de gobierno será el presupuesto. Sin dinero, las ofertas de campaña se vuelven demagogia. Y aunque la situación de las finanzas públicas no es mala, ni con ahorros por austeridad y por eliminación de corrupción salen las cuentas para financiar todo lo prometido. El dilema consistirá en reducir las promesas y sus alcances o incrementar la deuda pública.

Un último elemento que definirá la capacidad del gobierno de aplicar con éxito cualquier política pública será el equipo de trabajo. Si la administración pública queda descabezada por la llegada de cuadros nuevos sin experiencia de gobierno, por más honestos y bien intencionados que sean, la operación cotidiana del gobierno puede ser un desastre por lo menos el primer año de la gestión. Lidiar con la burocracia, con las leyes, reglamentos y manuales de operación que norman toda la actividad, desde la compra de lápices hasta las grandes obras públicas; con los compromisos que heredarán y los programas en curso no será fácil. Su curva de aprendizaje no será menor a 12 meses. Y peor si se aplica la rebaja de sueldos prometida por AMLO, ya que ello impedirá que lleguen cuadros competitivos, además de las paradojas que se generarán y que crearán un enorme galimatías. Imagínenselo.

Por ley, en el gobierno federal nadie puede ganar más que el Presidente de la República. Si López Obrador se rebaja el sueldo a la mitad, ganará alrededor de 80 mil pesos; los secretarios de Estado estarán por debajo, digamos, 70 mil y los subsecretarios, 60 mil. Los directores generales 50 mil. Si todos ellos son nuevos, no hay problema, pues serán los nuevos salarios y los aceptan o no entran. Pero si permanecen algunos de los altos funcionarios de administraciones pasadas, comienzan los problemas, ya que los salarios actuales son mucho mayores y no pueden ser reducidos; la ley lo impide. Por ejemplo, un director general gana entre 80 y 110 mil pesos, dependiendo de la secretaría, y resulta que sería anticonstitucional bajarle el sueldo. O lo corren (con el riesgo de una demanda laboral que perderá el gobierno) y lo recontratan por la mitad, o se queda con su salario actual, ganando más que todos sus superiores, incluyendo al Presidente. Y entonces se violaría la ley de que nadie puede ganar más que el titular del Ejecutivo.

¿Tendrá Morena miles de funcionarios para sustituir a los mandos altos de todas las secretarías, a partir de subdirectores, directores de área, directores generales (además, éstos puestos deben concursarse) y poderlos contratar con la mitad de los sueldos actuales o se quedarán muchos ganando más que sus jefes, o la reducción de salarios será ficticia?

Un segundo componente de la gobernabilidad es una sociedad activa y organizada que participa en las tareas de gobierno y en la generación de bienes públicos. Este será un importante factor de gobernabilidad considerando el enorme entusiasmo y deseo de participación que despertó en más de la mitad de la sociedad el triunfo de AMLO. Dos preguntas al respecto. ¿Cómo va a canalizar ese ánimo participativo y traducirlo en la generación de más y mejores bienes públicos? Si lo logra, se habrá dado un gran cambio social y político. Sin embargo, la desconfianza del nuevo presidente a un sector importante de organizaciones de la sociedad civil es un indicio de que también habrá conflictos severos en este aspecto. La negativa a dialogar con los promotores del sistema anticorrupción sobre el tema del nombramiento del fiscal general es el primer caso de desencuentro. ¿Cuánto tiempo le durará el amplio respaldo social —especialmente el de los empresarios y medios de comunicación— con el que llega, una vez que el gobierno no pueda cumplir todas sus promesas: un año, dos años?

Estas primeras pinceladas muestran que un triunfo arrollador en las urnas en un factor importante para garantizar gobernabilidad, pero no el único y que se requerirá mucha experiencia e inteligencia política para poder allegarse el resto de las capacidades de gobierno.

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