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Domingo , 21.10.2018 / 06:11 Hoy

Doble mirada

¿Nueva guerra entre cárteles?

Guillermo Valdés Castellanos

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Hace tres semanas, en mi artículo “Más violencia, ¿todos contra El Chapo?” argumentaba que el aumento de homicidios en varias entidades y municipios podrían ser un indicador de que otras organizaciones criminales estuvieran tratando de arrebatarle el control de plazas que han estado bajo su dominio. Hacía referencia al incremento de la violencia en Baja California, Colima, Chihuahua y Sinaloa. Además, un incidente poco usual como la irrupción de un grupo armado en el rancho de la mamá de El Chapo en Badiraguato, para vengar la muerte del suegro de un sobrino de Beltrán Leyva, era revelador de una debilidad pocas veces vista anteriormente.

En ese contexto, la semana pasada un grupo de sicarios ejecutó con gran precisión y profesionalismo el secuestro de un hijo de El Chapo en Puerto Vallarta. Al parecer ya lo soltaron; sin embargo, el hecho confirma que algo extraño está pasando con el cártel del Pacífico y en general con las organizaciones del narcotráfico. Lo primero que habría que apuntar es que las organizaciones rivales de Sinaloa perciben una debilidad en ésta, cierta o no, pero así la ven. De lo contrario no se hubieran metido con familiares de su líder. Pareciera que ya no le tienen miedo a El Chapo y a las represalias que pudiera tomar por ese tipo de ataques a su familia más cercana.

Si juntamos los datos de la violencia en estados donde todo apunta a la existencia de luchas por el control del negocio, con los homicidios producto de la fragmentación de organizaciones como Los Zetas, y completamos el cuadro con la percepción de debilidad de la que fuera la organización más poderosa durante 25 años, podríamos estar al inicio de un nuevo periodo de confrontaciones en el que el cártel de Jalisco Nueva Generación pretende ganar y consolidarse como la organización dominante. Es una hipótesis que, de confirmarse, podría revivir los peores años del sexenio anterior: oleadas de asesinatos durante muchos meses.

La pregunta pertinente es si en el gobierno de Peña Nieto tienen considerado un escenario como este y en su caso, ¿qué estrategia piensan instrumentar para que no ocurra o minimice sus daños? Coincido con Héctor Aguilar Camín en que mientras en EU haya un consumo desmesurado y creciente de drogas, México estará asolado por la violencia y que la solución radical es eliminar la prohibición.

Sin embargo, mientras eso llega a suceder —si es que ocurre, no será pronto— el único objetivo pertinente del Estado mexicano en esta materia no puede consistir en erradicar a las organizaciones del narcotráfico (cosa que no ocurrirá mientras no se legalicen las drogas), sino en tener la fuerza y la inteligencia suficientes para que éstas sean lo más débiles y lo menos violentas posible. Eso es lo que han logrado en otros países que también sufren la presencia fuerte del narcotráfico.

Después de diez años de estarse confrontando con ellas, el Estado mexicano debe haber aprendido a generar inteligencia estratégica y estrategias operativas mucho más eficaces. Si no ha hecho explícito ese proceso, es el momento de revisar las estrategias aplicadas en la década pasada para aprender de ellas y superarlas. Sería lamentable que si no se ha hecho la tarea de fortalecer las instituciones de policías en los estados y municipios (aspecto fundamental para ser eficaces en detener las olas de violencia), tampoco se tengan elementos para que la operación de las fuerzas federales sean más eficaces y proactivos en reducir la violencia que ya se nos vino encima.

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