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Martes , 19.06.2018 / 11:29 Hoy

Doble mirada

Más sobre los 10 años de lucha contra el crimen

Guillermo Valdés Castellanos

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Agradezco y celebro que Jesús Silva Herzog haya aceptado mi llamado a debatir sobre los 10 años de la lucha contra el crimen organizado. Él sostiene que esa década ha sido un fracaso. En un primer artículo del 5 de diciembre en Reforma, Silva sintetiza los resultados de esa lucha de la siguiente manera: incremento de homicidios, crisis de derechos humanos, miles de desplazados por la violencia y un ejército que pierde legitimidad. Y atribuye la causa de todos esos males a la decisión de Felipe Calderón de iniciar la “guerra” contra el crimen organizado, razón por la cual la considera un “error monumental y un retroceso moral”.

En un segundo texto, publicado el lunes pasado, reconoce que no toda la violencia se debió a la participación de las fuerzas federales y que incluso hubo algunas intervenciones positivas; sin embargo, mantiene su juicio sobre el fracaso de la lucha porque el resultado final en términos de violencia no cambia y, sobre todo, porque no se aprovechó la crisis desatada en 2006 para “reconstruir las instituciones de seguridad”. Se pregunta: “¿Contribuyó aquella estrategia a la paz y a la tranquilidad? ¿Se aprovechó aquella crisis para darle a México un orden institucional más confiable, con policías, investigadores, jueces más competentes? Me temo que no hay forma de responder afirmativamente a esas preguntas”.

Aunque la conclusión es la misma, Silva Herzog hace un matiz y un cambio relevante en el razonamiento. Solo una parte de la violencia se debió a la estrategia militarista (la detención de capos) y a la errónea política de comunicación social (publicitar las detenciones produjo la exaltación de los criminales y sus métodos). El error más grave fue no haber fortalecido las instituciones como una estrategia deliberada y alternativa a la estrategia de fuerza.

Coincido con él en que la situación actual de inseguridad es grave (los datos son innegables y en ese sentido, el problema de las múltiples violencias está lejos de resolverse) y también comparto en buena medida, no completamente, su juicio sobre el lamentable estado de la mayor parte de las instituciones de seguridad y justicia. Sin embargo, creo necesario introducir al análisis más matices y otra variable para poder sacar conclusiones que ayuden a definir estrategias futuras más eficaces.

Sobre la violencia. Los homicidios crecieron de 2007 a 2011 y luego se redujeron tres años y medio. Si esa tendencia decreciente se hubiera mantenido durante 2015 y 2016, a final de este año estaríamos en niveles de 2008 o 2009. Algo resultó mal en los dos últimos años. ¿Qué fue? ¿El desentendimiento del actual gobierno del problema de la violencia y/o la reactivación de las luchas entre cárteles? Habría que averiguarlo. El punto central a debatir es qué ha pasado en estos 10 años con las organizaciones criminales, las causantes de la mayor parte de la violencia. Si bien se debe revisar la estrategia del Estado, también habrá que evaluar la evolución del crimen organizado.

Sobre el fortalecimiento de las instituciones. Se sabía desde principios de la administración de Calderón que esa era la solución de mediano plazo y por esa razón en agosto de 2008 se firmó un Acuerdo Nacional cuyo propósito era precisamente ese. Las resistencias a cumplir lo firmado fueron principalmente de los estados y municipios; luego el PRI vetó, en 2010, la iniciativa del mando único para rediseñar y refundar las policías locales; el actual gobierno no propuso nada en ese sentido hasta 2014 y hasta la fecha el Congreso no le ha dado prioridad al tema. Seis años perdidos. La responsabilidad es de los tres órdenes de gobierno y también del Poder Legislativo, no de un gobierno.

Sin tener aún un juicio personal acabado sobre el balance de la década, en enero aparecerá en Nexos un artículo mío, más extenso sobre este tema. Ojalá y el debate continúe.

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