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Sábado , 21.07.2018 / 16:22 Hoy

Doble mirada

¿El discurso del general tendrá respuesta?

Guillermo Valdés Castellanos

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Qué bueno que el secretario de la Defensa alzó la voz con motivo de la emboscada sufrida por miembros del Ejército en Culiacán. El mensaje tiene dos destinatarios explícitos. El primero, la sociedad, a la cual le demanda mayor respaldo moral con un argumento sólido, presente desde hace años, pero poco entendido: el enemigo de la sociedad es el crimen organizado, al que no se le debe permitir "que siga asesinando impunemente y que no respete los derechos de otros ciudadanos", mientras que los miembros del Ejército "somos ciudadanos en uniforme militar que velamos por la nación y por los nacionales. Somos ciudadanos en servicio, que merecemos respeto y respaldo de otros ciudadanos. Somos ciudadanos con responsabilidad familiar, que no queremos dejar en la orfandad a nuestros hijos. Somos ciudadanos que buscamos el bien común, que encaramos nuestros errores y no aceptamos infundios".

Al segundo destinatario, los miembros del crimen organizado les advierte con dureza: "no descansaremos hasta que sean juzgados por sus delitos con todo el rigor de la ley. Vamos con todo, con la ley en la mano y la fuerza que sea necesaria... Nadie por encima de la ley. Que la fuerza que apliquen tendrá la respuesta que corresponda por parte de la autoridad".

El general Cienfuegos tiene muy claro que ambos mensajes son complementarios. Mantener e intensificar la participación en la lucha contra el crimen organizado —"que la indignación presente en nuestra actitud y nuestra moral se encauza para fortalecer nuestra convicción para reducir la violencia y los delitos"— requiere necesariamente del apoyo de la sociedad, pues si ésta se lo niega, el desgaste político de las fuerzas armadas se agravará y su eficacia en la reducción de la violencia disminuirá severamente.

Como lo señaló Héctor Aguilar Camín ayer en estas páginas, el tono y contenido del discurso del titular de la Defensa revelan un fastidio profundo por el desgaste al que se ha sometido al Ejército en diez años de lucha contra el crimen organizado. Las fuerzas armadas viven un momento crítico y el problema es que no se ve para cuando su intervención en el tema de la seguridad vaya a terminar. Por esa razón es indispensable escuchar y atender el discurso del general Cienfuegos. El respaldo social no puede ni debe regatearse y además debe traducirse en la exigencia a la clase política, para que atienda el problema de fondo detrás de la participación del Ejército en la lucha contra el narcotráfico: la inexistencia de policías eficaces, suficientes y confiables.

Aunque en el texto de Cienfuegos hay una mención a las autoridades del país —"Que quede claro, también la atención a los delitos a los que hoy nos enfrentamos en nuestro país es una responsabilidad compartida, entre gobiernos, gobiernos en plural, la propia sociedad y sus fuerzas armadas"—, le hizo falta decir con más claridad y contundencia que legisladores, gobernadores, alcaldes y gobierno federal tomen en serio y le den prioridad al fortalecimiento de las instituciones de seguridad y justicia.

Es triste constatar que los términos del debate (quién es y qué tipo de amenaza tiene la sociedad enfrente y cuáles son los pendientes de los gobiernos) son los mismos que hace diez años, pues no hemos debatido en serio cómo salir de este violento atolladero y cuál debe ser el papel del Ejército. Es urgente discutir en serio y que las fuerzas armadas también participen con argumentos y autocrítica, como bien lo apuntó Juan Gabriel Valencia el sábado pasado. No se pierda la Tribuna MILENIO que ya abrió el debate.

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