• Regístrate
Estás leyendo:
Comparte esta noticia
Lunes , 18.06.2018 / 19:06 Hoy

Doble mirada

Cambio de mirada

Guillermo Valdés Castellanos

Publicidad
Publicidad

Si se le pregunta a la gente cuánto confía en los partidos políticos, la respuesta es muy conocida: menos de 10 por ciento responde que mucho. Su desprestigio es enorme y está al nivel de otra de las instituciones peor evaluadas del país, las policías. Si de políticos se trata, es difícil encontrar a alguien que no asevere que todos son una bola de corruptos, sin importar al partido que pertenezcan. Hartazgo, indignación, pesimismo y enojo son los sentimientos más comunes que genera la situación política del país.

Sin embargo, cuando llegan las elecciones —ese momento crucial para los partidos, en el que el ciudadano tiene un poco de poder sobre esas odiadas instituciones— algo pasa, como si desapareciera el enojo y se renovara la fe en ellos como por arte de magia. Dos datos para darle soporte a esta tesis. Aunque no es apabullante, la participación en los comicios es bastante aceptable, pues ronda la mitad del padrón electoral y en algunos casos llega a 60 por ciento o más. Si el rechazo fuera total, la asistencia a las urnas podría ser mucho menor. No lo ha sido en estos años de desencanto generalizado.

Segundo dato, las candidaturas independientes pueden ser el vehículo ideal para castigar severa y eficazmente a los partidos. Pero con la excepción del triunfo de El Bronco Rodríguez en Nuevo León –que de independiente tenía lo que yo de chino— y algunos otros pocos casos (Kumamoto, Clouthier, Cabada) no han resultado atractivas y eficaces. De los varios nombres que se manejan como probables candidatos independientes a la presidencia en 2018, ninguno tiene un arrastre que lo perfile como un competidor con probabilidades de triunfo. Así, cuando menos hasta ahora, los independientes están lejos de representar una amenaza real a la odiada partidocracia.

Esa incongruencia tiene un lado positivo. Que la gente considere que es importante ir a votar —aun cuando sea a los partidos de siempre— se consolida la democracia como el menos malo de los métodos para formar gobiernos. Mientras no se agote la esperanza de que la renovación pacífica y legal de las instituciones es la vía para avanzar en la solución de los problemas, nos evitaremos crisis mucho más graves de ingobernabilidad que la que actualmente vivimos. Una mirada a Venezuela nos daría un ejemplo de lo que sería crisis grave derivada del abandono de la vía democrática.

A la pregunta ¿quién cree usted que es hoy en día el factor fundamental de un cambio en nuestro país?, 33 por ciento respondió que un nuevo gobierno, 31 por ciento dijo que la sociedad civil y únicamente 12 por ciento señaló que lo sería un líder carismático, mismo porcentaje que aseveró que son los partidos. Las respuestas son esperanzadoras, pero son un misterio considerando el tamaño del desencanto con todos y cada uno de los nuevos gobiernos electos, una vez transcurridos los primeros meses. Trump es el ejemplo más reciente.

Entonces el problema no debiera ser con la democracia y los procesos electorales, sino con los partidos y los nuevos gobiernos —por ejemplo, los que están por llegar como resultado de los comicios de junio próximo— que siguen sin ofrecer garantías serias de que harán mejor las cosas que en los años recientes. A juzgar por los candidatos, sus campañas, debates y propuestas en el Estado de México, la situación está para ponerse a rezar por los mexiquenses.

Es tiempo de cambiar la mirada y reflexionar más sobre cómo exigir gobiernos de calidad, que campañas no negativas; sobre cómo garantizar que el ejercicio del poder se haga respetando el estado de derecho, que discutiendo nuevas reglas electorales.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.