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Domingo , 17.06.2018 / 18:06 Hoy

Doble mirada

Asamblea del PRI: no se hagan bolas

Guillermo Valdés Castellanos

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Después de los apretados triunfos del PRI en las elecciones del Estado de México y Coahuila, los dirigentes de ese partido y el presidente Peña respiraron con cierto alivio, pues no solo evitaron una catástrofe, sino que encontraron la fórmula para ser competitivos en la contienda por la Presidencia en 2018. Esa fórmula ya es un lugar común: primero, divide a la oposición, de manera que no haya una sola coalición opositora; es decir, que el voto no priista esté lo más fragmentado posible y el del partido más fuerte no llegue, de preferencia, a más de 30 por ciento.

Dos, asegura la alianza con el PVEM y el Panal, pues aunque solo aporten dos o tres puntos porcentuales, pueden ser decisivos. Tres, garantiza la mayor cantidad del voto priista tradicional mediante la operación de la estructura electoral del partido con todas las técnicas, antiguas y nuevas, de acarreo y compra del voto y, en caso necesario, de alteración de paquetes electorales. Cuatro, el dinero no es problema; se puede disponer de cualquier cantidad requerida, pues solo siendo muy torpes (como lo fueron en Coahuila, pero eso seguramente ya les sirvió de aprendizaje) el INE podrá demostrar que se rebasaron los topes de gastos de campaña. Cinco, tener un candidato competitivo. Nota importante, las elecciones no se tratan de propuestas para gobernar bien; solo de propaganda bien hecha y eficacia de la maquinaria partidista.

Es desde esta óptica pragmática que se abordarán los dilemas abiertos por su asamblea nacional, la cual definirá los puntos tres y cinco de la fórmula. Pero antes tratará un asunto sobre la nota importante: ¿quién va primero: el programa o el nombre? La respuesta políticamente correcta la dio, en 1975, Reyes Heroles: lo importante es la propuesta; la verdadera es la que señaló Luis Echeverría, al nombrar al candidato antes que el PRI definiera su programa. Ahora cumplirán las formas y de la asamblea saldrá una propuesta (que casi nadie leerá y a muy pocos interesará; no obstante, pudiera ser relevante más adelante), y aunque no se elegirá candidato, el debate real será sobre dos temas relacionados: ¿se quitarán o no los candados que hacen inelegibles a algunos miembros del gabinete y cuál será el método de elección?

Considerando la naturaleza del PRI –más que un partido que representa a un segmento relativamente homogéneo de la sociedad, es una amplia y compleja federación de intereses disímbolos, algunos de ellos contrapuestos— el dedazo presidencial ha probado ser un mecanismo no perfecto, pero más o menos funcional, para garantizar la unidad del partido (no siempre lo logró; la ruptura de la Corriente Democrática encabezada por Cárdenas en 1987 fue una excepción a la regla) que le permita triunfar en los comicios. Y ha sido funcional porque, contra el imaginario popular, el dedazo no significa una decisión unilateral y unipersonal del presidente en turno. Para que funcione, la decisión tiene que ser tomada después de un amplio y complejo proceso de sondeos, consultas y negociaciones con esa federación de intereses encontrados.

Así las cosas en el PRI, lo interesante de la asamblea será saber si lo que ha funcionado antes funcionará en las nuevas circunstancias del país y del gobierno peñista. Nunca un gobierno y un presidente priista habían tenido tanto repudio social (ocho de cada diez lo reprueban), por tanto más de un priista se pregunta si esta vez no será mejor: a) nombrar un candidato que no pertenezca al círculo cercano de Peña Nieto para que sea más competitivo (y, por tanto, no modificar los candados) y b) definir un método de selección más abierto e incluyente que garantice que toda la estructura partidista se comprometa a fondo y realmente con el candidato, a fin de impedir fugas, deserciones o huelgas de brazos caídos durante la campaña.

Mi pronóstico es que la tradición se impondrá ante la debilidad y la escasa osadía de quienes proponen cambios de método. El presidente Peña ampliará sus opciones de dónde escoger (se eliminarán los candados) y después consultará, negociará y decidirá lo que considere mejor para el país, para su partido y para él mismo, aunque no creo que en ese orden de prioridades.

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