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Martes , 11.12.2018 / 21:34 Hoy

Columna de Guillermo Gazanini Espinoza

¿Por qué renuncia Norberto Rivera Carrera?

Guillermo Gazanini Espinoza

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(Foto: Javier Ríos)

El arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, cumple 75 años. Nacido el 6 de junio de 1942, llega a la mítica edad que empata con la renuncia canónica, por algunos aprovechada para golpear y denostar al cardenal, quien desde 1995 lleva las riendas de este Arzobispado, uno de los más grandes y complejos de la Iglesia católica mexicana.

El viernes 2 de junio el vocero de la Arquidiócesis de México, padre Hugo Valdemar Romero, declaró que en el momento adecuado la renuncia del arzobispo estaría en el escritorio del papa Francisco. Después, al término de la misa dominical de Pentecostés, Norberto Rivera aclaró dos verdades envueltas en dos mentiras al respecto. Lo que es cierto: que cumple 75 y debe preparar su renuncia. Las falsedades: que el papa tiene la dimisión en sus manos y la salida inmediata del cardenal.

Lo anterior dio pie a conjeturas e ideas falsas azuzadas por la oportunista y malintencionada denuncia penal ante la Procuraduría General de la República contra Rivera Carrera por supuesto encubrimiento de 15 sacerdotes acusados de pederastia.

Para poner las cosas en claro, debe examinarse qué es esta renuncia y su naturaleza conforme al canon 401, parágrafo 1, del Código de Derecho Canónico de 1983, normatividad que señala el especial ruego a cualquier obispo diocesano que haya cumplido los 75 años de edad para presentar la renuncia de su oficio al pontífice, el cual proveerá sobre la aceptación de la misma “teniendo en cuenta todas las circunstancias”.

Lo que no es

La renuncia canónica no es una dimisión inmediata, impeachment, juicio político o declaración de procedencia en orden a otro tipo de procesos seculares. Es decir, no da lugar a procedimientos de desafuero ni es el inicio de la cacería contra quienes enfrentan acusaciones producto de febriles consensos complacientes para imputar falsos delitos o variopintas difamaciones.

Lo que es

Se trata de la dimisión que cualquier obispo desempeña al cargo en funciones, no así al orden sagrado episcopal, el cual no se pierde por edad ni es comparable a la jubilación; ser obispo tiene, en principio, carácter irrenunciable, es para siempre. Quien vive como obispo, morirá como obispo.

¿Por qué a los 75 años? Las discusiones del Concilio Vaticano II sobre el ministerio pastoral de los obispos concluyeron en la conveniencia de un tiempo límite ante eventualidades en la eficaz conducción de cualquier diócesis, sea por edad o razones de salud que debiliten las capacidades del obispo. Antes de esta normatividad no era raro que el oficio episcopal fuera vitalicio, prolongando el gobierno de un obispo hasta la llegada de la hermana muerte.

El Decreto Christus Dominus (1965) del Concilio Vaticano II sobre el ministerio pastoral de los obispos dice que si cualquiera de ellos, por edad avanzada o por otra causa grave, se hace menos apto realizar las responsabilidades de su cargo, se le rogará “encarecidamente” a que, de forma espontánea, presente la renuncia a cargo. (No.21)

La precisión de los 75 años, incorporada después al Código de Derecho Canónico de 1983, se encuentra en el Motu Proprio del papa Paulo VI Ecclesiae Sanctae (1966) sobre las normas de aplicación de Decretos del Concilio Vaticano II, al enfatizar nuevamente el ruego encarecido para que los obispos presenten su renuncia, libre y voluntariamente, no más allá de los 75 años (Cfr. No 11).

Es invitación no obligación

El canon 401 y documentos Conciliares remarcan el “ruego encarecido” como cortés invitación, libre y voluntaria, no obligación, para formular la renuncia al llegar la edad establecida. La razón es simple. Cada obispo es titular de su diócesis y, si bien forma parte del Colegio Episcopal, tiene cierta autonomía para el desempeño de sus actividades.

El cumplimiento de esta norma se ha hecho práctica habitual y el papa, en uso de potestad suprema, evaluará si es pertinente aceptarla.

No implica cesación

La renuncia no implica la cesación automática del cargo ni es el fin inmediato de las responsabilidades. Será efectiva luego de la aceptación del pontífice, pudiendo ser el mismo obispo dimisionario quien permanezca como administrador apostólico en tanto sea designado un sucesor.

La evaluación de la renuncia contempla múltiples circunstancias de difícil solución. El proceso trae aparejada la valoración de todos los elementos en la vida de la diócesis: cuidado del presbiterio, vocaciones y seminarios, orden de la economía, catequesis, evangelización, asuntos administrativos de la Curia, así como las relaciones con las congregaciones y órdenes religiosas, entre otras responsabilidades.

El papa determinará si es prudente esperar un tiempo antes de aceptar la renuncia hasta que las condiciones sean propicias para iniciar otra etapa igual de compleja, la designación del sucesor con todas las capacidades para seguir pastoreando a la diócesis.Ese proceso puede llevar varios años. Benedicto XVI, por ejemplo, aceptó la renuncia del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo emérito de Guadalajara, hasta los 78 años de edad. Alberto Suárez Inda, arzobispo emérito de Morelia, fue creado cardenal a los 76 años y dejó sus responsabilidades arzobispales a los 77. José Luis Chávez Botello, arzobispo de Antequera, Oaxaca, cumplió 75 años en febrero de 2016 y continúa al frente del arzobispado al que fue asignado en noviembre de 2003.

El ministerio del obispo es un servicio. Este carácter queda bien definido en el ejercicio de la plenitud del sacerdocio de Cristo para enseñar, santificar y regir. La aceptación de la renuncia por el pontífice obedece a lo que mejor convenga para mayor bien de las almas, que es la ley suprema en la Iglesia católica. El papa no será presionado por caprichos de grupos, ni será complaciente de exigencias de inconformes, ni será movido por vendettas o supuestas exigencias de justicia que en el fondo son voluntades de energúmenos con profundos deseos de revancha.

La renuncia de Norberto Rivera Carrera ha servido de capital mediático con el propósito de influir negativamente en la opinión pública. Al contrario de lo que pretende, no confirma una destitución inmediata ni es consecuencia de situaciones anómalas, como dicen algunas opiniones que se valen de la palestra mediática para denigrar al arzobispo primado de México.

En esta nueva etapa del ministerio del cardenal Rivera Carrera es justo valorar la herencia que deja a la Arquidiócesis de México y escrutar el profundo magisterio construido, el cual, sin embargo, es poco conocido por los fieles de esta Iglesia particular.

Desde la enseñanza y especial dedicación por la familia, jóvenes, enfermos y reclusos, hasta la restructuración y ordenamiento de los organismos arquidiocesanos, el análisis de estas dos décadas de ministerio pastoral del arzobispo nativo de Tepehuanes, Durango, abre la posibilidad de conocer un ministerio fecundo y fiel por difundir el Evangelio, al que no han faltado persecuciones, pero que también tiene luces y sombras.

*Colaborador en medios católicos como ECO Semanal, SIAME, Desde la fe y Religión Digital España.

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