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Martes , 25.09.2018 / 18:53 Hoy

Entre pares

TLC: ¿México a punto de claudicar ante EU?

Guillermo Colín

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Sobran indicios para afirmar que inmersos en las marañas de los intereses neoliberales que asolan a México, al peñanietismo le corre una prisa indecible por cerrar a la brevedad y a toda costa, la negociación en curso del TLC –emprendida hace unos meses bajo el asedio y presión del "loco" Trump (Noam Chomsky dixit)–. "Terminar y ceder en todo lo que falte, antes de las elecciones", es la consigna. A formalizarla en secreto va Peña Nieto a Washington, a parte de exponerse a que le propinen otra humillación. Cerrar el paso a AMLO y concluir un TLC a modo de EU serían las monedas de cambio de los judas tecnocráticos mexicanos (los que fieles a sus intereses inconfesables acaban de abortar un TLC con la Unión Europea, por no ceder en términos que a EU sí se regalan).

Lo lamentable del caso es que, el equipo negociador mexicano –con los secretarios Ildefonso Guajardo por un lado y Enrique Videgaray por otro– se está conduciendo contrario a los intereses nacionales y lleva el país al despeñadero de la claudicación total, aprovechando la distracción de las precampañas electorales, el analfabetismo popular en la materia y las cláusulas de confidencialidad que opacan los pormenores del acuerdo en remodelación.

Para empezar, por obra de Ildefonso Guajardo, secretario de Economía e inaudito destructor de la industria azucarera nacional –que en esta zafra ya empezó su debacle al reducirse en un 36 por ciento la exportación a EU del refinado nacional–, México ha cedido ya a la pretensión estadunidense relativa a modificar las reglas de origen en la industria automotriz. EU pretende elevarlas de 62.6 a 85 por ciento y aunque en un principio Guajardo se mostró decidido a no otorgar lo pretendido por razones técnicas que lo harían inviable de procesar, el martes claudicó: "Tenemos que modificar las reglas de origen".

Ello pese a que la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) lo desmintió de manera categórica: "No hay otra propuesta mexicana (...), salvo analizar lo que presentó Canadá en ronda anterior. Se mantiene la regla de origen, la que tenemos en el TLC original, que ha hecho exitoso a ese sector".

Pero los asesores mexicanos del llamado "cuarto de junto", solo son de utilería y están ahí para que el gobierno mexicano haga creer que se procuran consensos con las distintas ramas industriales nacionales que tengan algo que decir.

Así fue que Guajardo, en su lenguaje autoritario e hiperbólico, de un plumazo echó al suelo la postura de la AMIA: "Después de seis meses de negociación es tiempo de reconocer que hace falta una regla de origen fortalecida (sic) alejándonos del vehículo que se utilizó como modelo que era un 1992 y que en 2018 es otro muy diferente. Tenemos que modernizar la norma". ¿Todo este lapso para venir a rendir la plaza al último minuto bajo el pretexto de ser anacrónicas las reglas de origen y por ende modificables al gusto de EU?

"Modernizar", ya se sabe, en el lenguaje neoliberal (del que el candidato priista Mead se siente tan orgulloso), es poner de tapete al país al servicio de los intereses norteamericanos. Así lo hace también el secretario Guajardo, al salir a decir a los mexicanos que "elecciones siempre habrá", en cambio "el TLC es prioridad". Es decir que en su deplorable opinión, bien valdría al país posponer o de plano cancelar las elecciones pues no sirven más que para estorbar acuerdos comerciales (expoliadores de riquezas nacionales), los que sí pueden pasar por encima de los derechos constitucionales del pueblo.

Alguna esquizofrenia política (y poca duda cabe que clínica también) se ha apoderado de los primeros niveles del gobierno peñanietista en grave detrimento de la integridad del país. El canciller Videgaray viaja febril a la Casa Blanca y consigue a Peña Nieto una súbita e inopinada entrevista de Estado ¿para qué? ¿Para acabar de entregar al país a EU vía un TLC tóxico para México con la bendición trumpiana? Ildefonso Guajardo por su parte, apóstata de sus propios dichos, regresa sobre sus pasos y ahora concede no solo "reglas de origen" al gusto de EU sino que, en el absurdo, cede también en cambiar las reglas de protección jurídica que EU las quiere a modo de su país. "Si EU quiere usar las suyas, allá ellos", dijo el trágicamente ufano secretario. "México y Canadá se mantendrán igual en ese aspecto". O sea, EU se saldrá con la suya, tendrán jurisdicción sobre México los tribunales norteamericanos en conflictos derivados del TLC. ¿Y la soberanía nacional?

Ante tanto despropósito inaudito, es inevitable hacerse eco de una arenga: "¡¡Alcemos la voz!! ¡¡No más traiciones a la patria!!".

gcolin@mail.com

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