• Regístrate
Estás leyendo: Sismo del 17: medios, solidaridad y odio
Comparte esta noticia
Jueves , 18.10.2018 / 15:55 Hoy

Entre pares

Sismo del 17: medios, solidaridad y odio

Guillermo Colín

Publicidad
Publicidad

Aparte de la fecha coincidente con el otro 19-S de 1985, el primer dato que salta a la vista en la tragedia del terremoto de 2017 es la inmediatez colectiva con la que se transmite, no a millones, sino "entre" millones.

Cada uno con la visión de cada quién, producto de un protagónico nuevo actor tecnológico: el smartphone y las redes sociales. Por lo pronto en vivo y en línea, con horror en la palma de la mano –literalmente– se muestra a la Ciudad de México como recién bombardeada. Paradoja implícita y apenas vislumbrada: algunas tomas desde lo alto provienen presumiblemente de algún rascacielos y a juzgar por las voces que las acompañan no se muestran alarmadas. Denotan solo asombro: "¡Se cayeron edificios, se cayeron edificios!", exclaman desde alturas en las que inexplicablemente se sienten a salvo.

Temple difícil de discernir en quienes están grabando por lo menos desde un veinteavo piso de altura. Aplomo percibido en ellos tal vez porque su inmueble no se remece como sí lo hacen desde Xochimilco hasta muchas otras construcciones a sus pies, pisos abajo al nivel de la calle. Parsimonia de contraste con quienes gritan: "¡Oh mi Dios, oh mi Dios!" al frente de los inmuebles que se desploman. El nuevo elemento comunicador no solo proyecta realidad al instante, también hace mirar a quienes graban.

En los momentos posteriores al sismo, condensaciones de polvo blancuzco, indican donde ocurrió algún derrumbe. A diferencia del terremoto del 85, éste confirma la nueva era: cubrir el suceso como hoy las redes sociales lo hacen, era en el antaño imposible. En el 85 hasta horas después, los diarios daban imágenes que para muchos mexicanos serían las primeras en obtener y empezarían a marcar para siempre el imaginario colectivo del desastre. Las televisoras (censuradas) llamaban como hoy a la inmovilización en casa para inhibir la solidaridad creadora las verdaderas redes sociales no virtuales.

Algunas imágenes hasta hoy en día fijan rumbo a la estética fotográfica del fenómeno sísmico. Cuestión de mirar aquellas fotos del hospital Infantil, de Tlatelolco, o del hotel Regis y compararlas con las primeras planas de hoy. Toda una iconografía semántica y periodística que marcaría rumbos sociales.

Por eso es importante para la sociedad regiomontana, al lado de reconocer la solidaridad norteña desbordante y generosa que hoy de inmediato se genera en las redes sociales para ayudar a los damnificados, abordar también el lado oscuro que según ha surgido, se esconde y medra en redes sociales de Monterrey, y al que la comunidad regia debe llamar a cuentas.

"Jajajaja qué pasó chilangos, pedorros!!! No que muy vergas... Jajajaja, qué bueno que les pasó eso mugrosos de mierda!!! Ojalá y así se acabe la delincuencia en México!!! Eso y más se merecen putos changos mierderos ja es lo bueno de ser de Monterrey putos, aquí la pura vida jajaja. Mantenemos al país mugrosos de mierda". Fue lo que apareció en el Facebook de Juan Manuel Serrano, un escolta estatal de Seguridad Pública del Estado y quien niega haberlo escrito, versión que el gobernador Jaime Rodríguez se sintió proclive a creer y dispuso una investigación.

Pero lo que ni el gobernador, ni muchos cibernautas escandalizados por el mensaje admitieron, es que lo haya posteado quien haya sido, en lo medular el texto es auténtico y correlativo a las tesis de un supremacismo regiomontano a flor de piel en Nuevo León, mucho más común de lo que se piensa.

Seguramente con cualquiera de sus variantes, todo regiomontano ha visto en su círculo de amistades y familiares o de trabajo, repetirse este discurso de odio, sino es que lo comparte. Por lo menos el autor de estas líneas sin ser chilango, en 40 años de residencia norteña sí ha escuchado el prejuiciado alegato antichilango –tan distintivo de Monterrey– una infinidad de ocasiones en todos los sectores sociales.

En momentos de tanta desgracia para los compatriotas de aquellos lares, aparte de continuar en solidaridad con ellos, la sociedad regia debería acudir a una suerte de examen de conciencia social para erradicar la absurda persistencia de estos alegatos tan insostenibles como miserables. Y ver de dónde proviene y qué sostiene este histórico racismo regiomontano. Puede verse nítidamente que ya supura a través de redes sociales. Es hora de lidiar con él.

gcolin@mail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.