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Entre pares

Rompe la UANL veto infame

Guillermo Colín

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Demostrando que la libertad de cátedra y de expresión es diferencia sustantiva entre un instituto tecnológico privado (Tec), y la universidad pública de Nuevo León, hace un par de semanas la UANL abrió uno de sus recintos culturales al grupo literario “Carne y Verso” para hacer una lectura pública de sus afanes de amanuenses.

Lo singular es que participó Felipe Montes, un conocido escritor vetado e infamado hace un año por el Tec creando una leyenda urbana sin pruebas (“El retorno de un depredador”, tituló una editorialista), a instancias de un grupúsculo anónimo de feminismo deformado, y prohibió su participación en la más reciente FIL. En su propósito censurador, el ITESM atropelló hasta al Fondo de Cultura Económica, una prestigiadísima casa editorial, la más grande en Latinoamérica y con sedes en diversos países de Europa.

Falto de respeto hasta a sí mismo, el Tec atendió la exigencia de unas cuantas voces escudadas en el anonimato para exigir al FCE que “desinvitara” al escritor Felipe Montes, infamado de acoso sin prueba alguna.

Al hacerlo así, el Tec empoderó por encima de sí mismo al insignificante grupúsculo de denunciantes sin pruebas, las feminazis, como las apodan sus críticos en redes sociales. Y hasta abajo en la cadena de mando de la ignominia, el Tec subyugó al FCE que accedió a desinvitar a Felipe Montes al evento para el que ya había sido contratado.

Tales desmesuras e indignidades, no son sino colofón de un “verdadero linchamiento moral de pueblo chico en Monterrey” como la caracterizó en internet el blog EnFoco.com, uno de los que lograron las primeras entrevistas videograbadas con Felipe Montes rompiendo el silencio.

A un año de distancia, Felipe Montes revela que desde enero de 2018 interpuso demandas por difamación y calumnias a sus acusadores anónimos, y adopta su defensa propia de 30 años de vida académica de frente a la nada, ya que no existe ni una sola denuncia formal en contra suya. Sujeto a un juicio sumarísimo del Tec, sin protocolo, con puros testimonios “de oídas”, Montes se quedó sin hogar, mutilado de sus lazos familiares, despojado de su empresa y de su trabajo por una institución (ITESM) que lo acusó en falso y lo chantajeó con mantener la beca de su hija solo si firmaba papeles que le pusieron al frente.

Condición que el Tec incumplió y descubre que como institución escatima el principio de la presunción de inocencia.

Ninguna de estas garantías las brindó el Tec al que hasta entonces era uno de sus mejores docentes. Al contrario, se hizo rehén a sí mismo de los desvaríos de un grupúsculo feminazi, que justifica su anonimato en términos de que: “todos sabemos que si nos roban un carro, no vamos a denunciar porque no sirve de nada”. La feminazi que así razona, en su indigencia jurídica ignora que una aseguradora jamás pagará un auto robado si antes no es denunciado ante el Ministerio Público. Pero el Tec, impune, corre a un docente y lo persigue de por vida si un grupo anónimo lo azuza sin prueba en un acoso al revés.

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