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Sábado , 22.09.2018 / 22:22 Hoy

Entre pares

Nuevo León ya no se chupa el dedo

Guillermo Colín

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No obstante que suene reiterativo, no sobra decir que uno de los principales mitos propalados por intereses creados, que se destruyó por los resultados de la elección del independiente Jaime Rodríguez, es la supuesta minoría de edad del pueblo de Nuevo León, según la cual se hacía necesario, desde ciertas instancias, aconsejarle cómo votar, cómo no votar, y vigilar que actuara de manera responsable (es decir: votar por todos menos por ése), o afrontar unas dizque consecuencias terribles en caso de no hacerlo. Esta vez ya no funcionó así.

Con esa visión infantilizada de los ciudadanos norteños (a los que también se vendió la versión que una vez priista es como enfermedad incurable o veneno sin antídoto) se les pretendió espantar con un “ahí viene el ‘coco’ Bronco”, en versiones tan extravagantes como absurdas como aquella que en Monterrey difundió Felipe Calderón, el que efectivamente su propia esposa por lo menos una vez lo reprendió por abusar de la ingesta de alcohol. “Elegir al Bronco sería traer a un Hugo Chávez a la entidad”, dijo el impresentable ex presidente.

De ese modo se armaron ésa y otras campañas monumentales al miedo, que a la postre no sólo fueron inefectivas, sino que tuvieron un efecto búmeran. Resultaron tan desproporcionados y ridículos los ataques (“me pegó hace diez años”, el ejemplo por antonomasia), que la gente, lejos de creerlos, dedujo que si de ese tamaño veían la amenaza electoral del Bronco, entonces lo más probable es que fuera ganando en la contienda en modo que algunas encuestas interesadas no lo mostraban.

A la inversa de aquel eficaz terrorismo comicial en 2006 (AMLO es un “peligro para México” del que aún se conservan virulentos videos en internet), hoy los ciudadanos norteños dieron una lección de sociología a estrategas anquilosados en este tipo de campañas: la sociedad lejos de ser un ente estático, es dinámica y a diferentes ritmos aprende y muda de criterios.

Lo que en las pasadas elecciones ignoraron algunos opinantes asumidos con poco tino como tutores mediáticos, es que se dirigían a un electorado en proceso de madurez política, más informado y dispuesto a tomar riesgos con tal de sacudirse la dominación del bipartidismo que se había adueñado del destino de la entidad. Lejos de convencer a la gente de la perversidad de una candidatura independiente, acrecentaron el impacto publicitario para votar por ella. Jaime Rodríguez en mucho creció por las campañas de desprestigio que la población asoció al bipartidismo a vencer y sus aliados; y en consecuencia hizo más férrea la decisión de los votantes: “pues ahora gana porque gana sin que quepa duda” de ahí el efecto multiplicador del apoyo masivo que obtuvo.

Lo que se vio votar el domingo 7 de junio fue otro Monterrey, otro Nuevo León, otro colectivo ciudadano norteño cuya mutación política, sólo en apariencia sorpresiva, hizo historia al elegir al primer candidato independiente (no sólo de México sino en América Latina) al margen formal de partido alguno con un asombroso porcentaje de votación (superior al 48 por ciento), en territorios tan insospechados como San Pedro; y con una cauda de votantes muy diversa, desde obreros y taxistas hasta familias acomodadas, ejecutivos y empresarios. Eso fue lo que algunos ignoraron con persistencia digna de mejor causa.

Aparte de la efectividad de las redes sociales para constituir medios alternos a los dominantes y al cambio operado en la mentalidad ciudadana y del bien llamado “certificado de confianza” que obtuvo cuando Elizondo declinó por él, otro factor digno de observar es que las campañas del miedo no fueron emprendidas de manera uniforme y concertada por todos los medios.

Hubo los que mediante la publicación de contenidos periodísticos documentados, allanaron el camino para el desastre priista. Así prendió la indignación estatal y nacional por los escándalos inmobiliarios y de corrupción del gobernador Medina y su familia. La puntilla consistió a vísperas de las elecciones en abortar mediante su publicación un costosísimo plan priista para impugnar casillas, lo que inhibió la última posibilidad de la fallida candidata Ivonne. El hecho que en el fondo se haya tratado también de una campaña de revancha contra el poder medinista no oculta su veracidad y que no fuera en absoluto prevista por otros.

gcolin@mail.com

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