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Sábado , 23.06.2018 / 11:57 Hoy

Entre pares

Nuevo estropicio de Videgaray

Guillermo Colín

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Inmerso el país y la clase política en un periodo preelectoral donde prevalecen bajos niveles de descalificación entre adversarios (algunos con expedientes abiertos por lavado de dinero), numerosos problemas nacionales hacen crisis.

Un leve inventario muestra a la cabeza el recrudecimiento cotidiano de la violencia y los escándalos de corrupción (ahora después del Sedesolgate, en la Sagarpa se esfuman 65 mil millones de pesos). Las rutas por donde atravesó el dinero contaminan aún a aquellos que se decían de pulcro plumaje tras atravesar el pantano (caso emblemático el del candidato del PRI, José Antonio Meade, acusado de corrupción por 500 millones de pesos por la bancada del PAN en el Congreso).

Y en el revoltijo, las relaciones México-EU se estresan aún más con la reciente conversación telefónica entre Trump y EPN que se torna ofensiva y vitriólica en contra de éste último. A la par, el Washington Post publica versiones de que el canciller Videgaray pudo haber “abusado” de la ingenuidad política del yerno de Trump para “manipularlo”.

La SRE en un comunicado hace recordar el adagio “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Contrario a la versión mediática de EU (“Videgaray y otros tres países extranjeros buscaron sacar partido de puntos vulnerables del yerno de Trump”), se dice que las relaciones Videgaray-Kushner fueron “estrictamente profesionales” (¿acaso no debería decirse “estrictamente diplomáticas?”, es decir de gobierno a gobierno).

La reciente iracundia telefónica de Trump lo hizo “perder los estribos” (sic) contra EPN quien tuvo que colgar el teléfono y abortar los planes videgarayescos de viajar a Washington. La inopinada llamada (¿para qué exponer de nuevo a la investidura presidencial?) reavivó en Trump el discurso anti TLC que ya parecía haber menguado, y le dio pista abierta para volver a vocear su estrambótica exigencia de que México pague por el muro fronterizo.

Videgaray, como artífice de este nuevo diferendo diplomático, actúa como el polo disfuncional de la estrategia mexicana pro TLC que encabeza el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, y le echa a perder (afortunadamente) sus planes de conceder en puntos cruciales para acelerar su firma conclusiva. Ahora Trump vocifera de nuevo su muro y su eslogan contra el Tratado, que una mayoría de observadores ya ven imposible de firmar antes de las elecciones mexicanas.

Los independientes

Ayunos de soluciones propositivas a todo lo anterior y mucho más, las candidaturas independientes, al igual que las de los partidos, ajenas a lo que ocurre en el país, se decantan de los que no alcanzaron las firmas y requisitos requeridos.

A las candidaturas “independientes” se les ha querido ver como hitos virtuosos de la democracia. Para otros es extravagante oponer ciudadanía contra política ya que todo ciudadano en rigor puede ser un político y todo político es un ciudadano. Señuelo artificioso, la figura del candidato “independiente” surge como idealización nostálgica de aquello que la sociedad quisiera que fueran sus políticos, quizá a la manera en que Cantinflas caricaturizaba en el cine al cacique político reconvertido en benefactor social.

Una suerte de figura redentora, pretendidamente inocente y noble, que con un lenguaje entre cotidiano y chusco (“la raza paga, la raza manda”), se enfrenta a los poderes fácticos y a los intereses creados con un ideario justamente cantinflesco que los vence a punta de versiones diluidas del apotegma, incluida la justificación misógina a la promesa política incumplida: “también dije a mi mujer que la llevaría al cine y no lo haré”. El agregado “independiente” agrega confusión y entroniza un supuesto muy discutible: un candidato ciudadano es preferible a un candidato político. Denota a quien no pudo o no quiso, ser postulado por un partido y también a quien deberá demostrar de qué se declaró “independiente” y si esa “independencia” incluye a sus fuentes de financiamiento.

¿Quién defiende a AMLO?

En el muy discutible supuesto de que alguien debe hacerlo, un colega de estas páginas preguntó ayer: ¿Quién defiende a López Obrador? Desmintiendo explícitos e implícitos del columnista, una valorización de parte del ideario político de AMLO, puede encontrarse en La Jornada (Carlos Martínez, “Acerca de la Constitución Moral”, pág. 20 28-II-18), donde entre otros datos sorprendentes puede hallarse que desde 1831 José María Luis Mora (indudable liberal que pugnó por la separación Iglesia-Estado y por quien lleva su nombre un afamado enclave académico nacional), publicó: Catecismo político de la federación mexicana. Como se ve, no hace falta defensa alguna de AMLO sino recordar orígenes históricos de lo que reivindica en algunos de sus pronunciamientos.

gcolin@mail.com

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