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Domingo , 09.12.2018 / 19:20 Hoy

Entre pares

Negras horas previas

Guillermo Colín

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Quienes se lo están proponiendo quizá no lograrán desvirtuar las proyecciones previsibles a los resultados electorales, pero sin duda harán todo lo posible por reventarlos. Atmósfera enrarecida que, guardadas las distancias (y ni tanto, pues van 48 homicidios políticos), recuerda los días previos al asesinato de Kennedy en Dallas, cuando menudeaban conciliábulos golpistas de afiebradas cúpulas militares y de inteligencia, con execrables personajes del anticomunismo extremo.

Los parámetros de la cordura en México están rebasados. Meade, predicador, profeta, sin empacho garantiza (sic) el futuro a todos los mexicanos (lo dice el mismo priista embozado de ciudadano que en el colmo de la paradoja truena contra populismos y mesianismos). A algunos el aire les sabe a fraude y miedo. Se ensaya una narrativa para explicar un eventual súbito “triunfo sorpresivo” del tecnócrata colero. Un voto silencioso que según ellos se ocultaría entre las altas tasas de rechazo y no respuesta y que respaldaría a Meade.

En Hidalgo se descubren boletas sin el nombre de AMLO. Y la compra de votos emerge a plena luz del día. Hay, desde mayo, una campaña en redes sociales para votar con las iniciales AMLO. Resultado buscado: dos millones de votos anulados. Añádanse los crayones de borrado instantáneo que hallaron escondidos. Nada se está dejando al azar, la campaña antipejista continúa intensa. En celulares, la patraña editada captura telefónicamente los sentidos y penetra con furia. Es una micra de envenenamiento político que perdura y retumba por días sin contraargumento de antídoto. Recursos de colmillo retorcido que engañan a la gente: si es tarjeta que parece 100% bancaria, tiene hasta chip de fantasía, y dice $1,500 pesos si llego a la presidencia, cómo no votar por Anaya en el banquito de la ilusión, donde muy pocos leerán la letra chiquita: “Es propaganda, no oferta de un bien económico”.

En los últimos días, personeros de la comentocracia esparcen peregrinas teorías del novísimo asesor de Meade, Costa-Bonino: “Los que salen a las calles no son los que votan, por lo tanto no cabe esperar que porque un candidato llenó las plazas tiene para sí todos los votos”. Otra es la premonición inducida: “Que nadie se asombre si el domingo gano” (Meade dixit). Tácita confirmación de una chapuza que otorga victoria (un increíble 40% más de votos el día de la elección). En la intentona, ésa sería la palestra ridícula para justificar que Meade ganara: tenía pocos adherentes en sus mítines, pero las multitudes de votantes a su favor estaban adentro de sus casas y ahora salieron a las urnas.

Caldo de cultivo para un electorado afecto a infectar de rumores las redes sociales con una elemental racionalidad simplona, pero suficiente para prologar el alegato: “dicen que…”. Y ya se dispersa el infundio vía internet, que es la forma más fácil sin checar buró de adquirir preciados segundos de personalidad digitalizada investida de aparente autoridad. Sea que pontifiquen sin coherencia o maldigan soezmente, la seducción al internauta promedio es el potencial que un zafio comentario le ofrece de ser leído por millones. De prosélitos con esa mentalidad se nutren las campañas negras. A su lado no desmerece el despecho de corazón engañado que aflora hasta entre narradores best-seller cobrando agravios y atribuyendo poderes divisorios pasmosos a AMLO: “De nuevo, más que unir, divides a los mexicanos. Por lo pronto, no votaré por ti (…). Sé que en el fondo te vale, pero a mí no”, le escribe incontenida a AMLO Guadalupe Loaeza, escritora del jetset que, en la mejor tradición de la crónica chocarrera, no omite reclamar pedigrí social: AMLO atestiguó su enlace civil cuando eran amigos.

Desde la gratuidad del encono hasta la proliferación del rencor político que adjudica a AMLO, Loeza recorre el melodrama expuesto cual conversatorio de comadre o de vecina, no de ciudadana bien informada. Hay una obsesión en el argumento patrio más socorrido: la unidad nacional invocada con flamígera retórica guadalupana: que como su imagen venerada, no admite demostración. Unidad... ¿en uno de los países más desiguales y más pluriculturales del mundo? Unidad... ¿en torno a qué? Y ¿por qué llamar desunión entre mexicanos lo que no es más que debate y toma de posiciones políticas entre ciudadanos?

Quién sabe si sea en ella en la que están pensando, más unidos que nunca en contra de AMLO, los 300 empresarios más prominentes del país que velan armas en guardia permanente de aquí al domingo. Vaticina otro articulista: “AMLO no podría modificar a su antojo la Constitución”. Así es, tendría que hacerlo como lo hizo EPN con el petróleo. Vísperas negras y confusas.

gcolin@mail.com

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