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Martes , 14.08.2018 / 13:44 Hoy

Entre pares

Más temible el “INE-Facebook” que los rusos

Guillermo Colín

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Puestas de moda con Trump y aún en litigio sobre si él mismo o su equipo pactaron tramas electorales inconfesables con Rusia, que a la postre habrían llevado al poder al magnate mexifóbico, la advertencia de vida efímera, propalada por el secretario estadunidense de Estado, Rex Tillerson, sobre una posible injerencia rusa en los comicios mexicanos, pretendió asustar al electorado azteca con el petate del muerto, e influir negativamente en las intenciones del voto para un candidato indeseable a ojos de EU. Objetivo que pese a la participación a coro de varias agencias de inteligencia no prosperó.

Y es que, a la usanza del grito fabulesco (“¡ahí viene el lobo!”), el Departamento de Estado de EU quiso reproducir y reciclar un momificado anatema, endosado al régimen de Putin. Éste, merced a unas malas artes cibernéticas se tragaría a la democracia mexicana en un santiamén, llenando las redes sociales de propaganda falsa, cuentas espurias y otras formas disruptivas de comunicación (que por lo demás ya el PRI ha ensayado y seguirá ejecutando).

En la especie gringa, los rusos serían portadores del comunismo, ya muy difícil de encontrar en la faz de la Tierra y mucho menos como gobierno constituido. En México apenas personajes como el confeso tecnócrata Meade desconocen, en el colmo de la desinformación, que Alemania del Este, por ejemplo, fue un país comunista que dejó de existir hace décadas y todavía lo manejan en sus discursos como amenaza real para México.

En toda esta hilarante patraña es más fácil entrever –y evidencias sobran– que los norteamericanos, voceadores de la advertencia: “¡Aguas con los rusos!”, son los verdaderos interesados en engullir lo que queda de las riquezas no renovables del país.

Pero si de presencias intrusivas se trata, los rusos (Lukoil) de hecho ya están en México desde 2014, en un plan más expoliador que para desencarrilar elecciones y con la anuencia del gobierno mexicano. En una trama de cuestionable legalidad, una compañía petrolera de origen ruso presuntamente se hizo en secreto de los primeros pozos petroleros (en una zaga muy parecida al escándalo del tren Chino que desde antes de la licitación formal ya venía de la mano de Videgaray), abiertos a la explotación foránea en aguas someras del Golfo de México, al parecer aún antes de que se aprobara la reforma energética.

Así que: ¿Cuáles rusos en México? ¿Los que ya están en el Golfo y se llevan en condiciones preferenciales el que alguna vez fue nuestro petróleo? O ¿los que supuestamente vendrían a dislocar nuestras elecciones?

Más aún si de influir en el electorado se trata, es más fácil que lo haga la famosa compañía norteamericana Facebook que ningún otro ruso o agente extranjero, e incluso con la aprobación nada menos que del Instituto Nacional Electoral, merced a un convenio de colaboración que recién acaban de firmar ambas entidades.

En virtud de dicho convenio signado con el propósito de “blindar” las elecciones (palabra de ocurrencia para nombrar cualquier artilugio y decir que es a prueba de fallas), de consuno se aprueba en términos vagos e imprecisos que, a juicio del INE, pero también de Facebook, se puedan retirar contenidos que se consideren fake news o información viralizada.

El acuerdo suscitó amplia controversia, al grado que el presidente del INE tuvo que salir a aclarar puntos impugnados. Aunado a una no aclarada cláusula de confidencialidad, el convenio no especifica bajo qué criterio se tendrán por falsas determinadas noticias. O cual será el material que aún siendo viral no por ello debe desaparecer de la red, o contrarrestarse a criterio de unos cuantos.

El asunto despertó más suspicacia porque además no se dio a conocer qué obtendría Facebook a cambio de su colaboración, aparte de publicidad gratuita, máxime cuando la participación del gigante cibernético aparece acotada de entrada, ya que tiene “la intención, pero no la obligación de hacer que algunos de sus productos de participación ciudadana estén disponibles en plataforma para sus usuarios”. Entonces, ¿dónde está la bolita?

gcolin@mail.com

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