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Entre pares

Las largas horas de junio

Guillermo Colín

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Las puertas de la Presidencia lucen abiertas de par en par para AMLO, así sea de manera demoscópica y aún descontando las prevenciones de lo que todavía “pudiera pasar”. En tendencias según cálculos conservadores son alrededor de 30 millones de mexicanos los que ya corean: “Este arroz ya se coció”.

No necesariamente es así desde luego (Calderón dijo que “haiga sido como haiga sido” le bastó una semana para orquestar el fraude y revertir la tendencia). Sin embargo, las cosas cambian de sexenio a sexenio. ¿Cómo explicar ahora a 30 millones que su candidato no triunfó por milésimas, pero muchas gracias por participar, sin provocar ipso facto un cataclismo social? Pese a ello ya se ven en Nuevo León, en el Estado de México y en otras entidades, repartos priistas a plena luz del día de 500 pesos a cualquiera que entregue una copia de su credencial de elector.

Aun cuando nada perturbara su ruta a la victoria, cabe advertir que el ganador de la primera magistratura se habría sacado la “rifa del tigre” (de mención tan tergiversada por el antipejismo). Al nuevo mandatario no le será fácil asegurar la gobernabilidad del país. Los recientes asesinatos políticos en toda la geografía nacional bajo la creciente amenaza del crimen organizado, ilustran la gravedad del dilema.

Pareciera que otro “momento” mexicano se forma en el horizonte, carente de brillos prestigiosos y, por el contrario, cargado de presagios ominosos. Hacia el exterior la circunstancia nacional se caracteriza por la intersección política de México con un EU amurallando la frontera y poblándola de vigías armados militarizados (que en cualquier momento, hay que decirlo, pueden ser fuerza invasora); una perspectiva vigente (hay que ver a los marines patrullando las calles en Argentina) que el propio Trump vociferó como candidato cuando era más recalcitrante en que México habría de pagar por el muro.

La vital relación comercial vía el TLC por la monodependencia insensata que creó de México a EU, ya entró en fase de conflicto entre amenazas trumpistas. En análisis de Alfredo Jalife, el gobierno mexicano y los candidatos presidenciales no han entendido que no es el comercio lo que mueve a Trump, sino el petróleo que China no tiene y debe importar. Pero México ya perdió su activo geoestratégico más importante: el petróleo, y los grilletes de la deuda externa no le dan margen de maniobra al país. Por eso AMLO no parece que vaya a proseguir el ideario de MORENA y recuperar para la nación los hidrocarburos. Por eso frente a las excitativas de Cuauhtémoc Cárdenas (“votaré por quien proponga recuperar el petróleo”), AMLO se ha mantenido en silencio. Se limitará, dice, a revisar casi notarialmente los contratos de la reforma energética, que a diferencia de la reforma educativa no cancelará. Pero la educación de los mexicanos nada importa a los estadunidenses. Dejar intocable la reforma energética, presumiblemente fue uno de los compromisos de AMLO contraídos en mayo en las entrañas del banco más importante del mundo y posible comprador de Citibanamex (que maneja tres veces el PIB de México), el BlackRock. La armagedonia financiera del siglo XXI.

El plano interno no luce mejor (solo como botón de muestra, el estado de Tabasco, tierra natal de AMLO, trae una tasa de crecimiento ¡negativa! de -11.2) y los principales productores nacionales se sienten inconformes con la política económica. Piden pasar “de la obsesión por la estabilidad macroeconómica al impulso al crecimiento”.

Hay una recomposición en marcha de las fuerzas políticas instituidas, luego de la manera cómo se descompusieron muchos viejos cacicazgos partidistas (en el PAN, el PRI, el PRD y aún el Verde Ecologista, surgieron otros nuevos y se desdibujaron o se hicieron invisibles las opciones individuales llamadas “independientes”).

Quizá la revelación más paradigmática de lo anterior fue lo ocurrido en el caso de la revuelta feroz que montaron los empresarios triple A contra AMLO, que lo obligaron a sentarse a parlamentar. Pero en el proceso, los protoempresarios como Carlos Slim, El Diablo Fernández y el Consejo de Hombres de Negocios dejaron de ser un membrete mítico (parte de “la mafia del poder”). Sus miembros (buena parte de los empresarios más ricos de México) quedaron expuestos como el grupo de presión que siempre han sido y se revelaron los cuestionables métodos con el que se permiten hasta influir en los idearios políticos privados de sus empleados y proveedores. El presidente de FEMSA y el minero Jorge Larrea (acaparador del 90% de la producción de cobre en el país) fueron otros de los empresarios vociferantes que sin empacho de haber sido rescatados financieramente en distintas ocasiones por el gobierno, armaron en el colmo de la contradicción y el cinismo una campaña “antipopulista”.

gcolin@mail.com

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