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Entre pares

La guerra sucia cobra precio a sus autores

Guillermo Colín

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Justo cuando se pensaba que los embates de odio visceral y descalificaciones a AMLO habrían de mermarle popularidad, ocurrió lo contrario pese a las ignominias de los publicistas sicarios (recuérdese el spot del hombre de la tercera edad o en la planeada difamación televisada de una “secuestradora” cuya integridad de su familia se pone en riesgo). Canalladas donde la supuesta “decencia” pregonada del estancado Meade, al que “puedes confiar a tus hijas”, cayó en pantanos de ética política putrefacta.

En AMLO su porcentaje de votación probable dio un salto inédito y subió cuatro puntos, para rebasar la barrera de la mayoría de la población (52%) que piensa votar por él. Anaya bajó esos cuatro puntos; se puede sugerir que hasta el llamado “voto útil” o los indecisos se están decantando por AMLO.

Porcentajes que presagian una inédita votación masiva a favor de un candidato, pocas veces vista en México desde hace décadas, donde un verdadero tsunami electoral llamado Morena se eleva por encima de sus detractores, los que para estar de moda con el autoflagelante ocupante de Los Pinos ya se miran extravagantes en las escalerillas de los aviones rumbo al exilio.

O bien hacen el ridículo como el viejo político Pedro Garza, de Guadalupe, NL, quien en la lid por esa alcaldía llama al opositor Jesús María Elizondo “gente que impulsa la Revolución Bolivariana”, rol poco menos que imposible en Elizondo, reconocido pájaro de viejas cuentas. Garza exhibe su ignorancia a semejanza de Meade, quien al principio de su campaña previno sobre quienes manejaran ideas de Alemania del Este, un país desaparecido décadas atrás (imperdonable ignorancia en un ex canciller de México) y una alusión oscura a AMLO que nadie entendió.

Ante el presagio de una votación masiva por AMLO, una serie de empresarios cupulares y personeros de la comentocracia, abrogándose un derecho a la verdad absoluta, han salido a dar gritos al viento advirtiendo a la población a no votar por lo que han dado en llamar, con gran asincronía, “el populismo”, a la vieja usanza de aquel alarido derechista de principios de los sesenta: “¡Cristianismo sí, comunismo no!”.

Con esa simplificación insultan al pueblo mexicano, al que ven tan manipulable que se hace necesario prevenirle que el suyo sea un “voto razonado”, eufemismo con el que imponen su credo (ellos siempre autoritarios) sobre cómo la gente debe votar; y hacen equivaler a que si lo razonan, su voto debe ser anti AMLO. De lo contrario resulta un voto hormonal, “emocional”, dicen.

Pero vibrar de emoción política no es sinónimo de carecer de inteligencia o de preferencia ideológica, económica y social. Por el contrario, es el análisis decantado del votante el que, por encantarle una propuesta política, lo emociona.

De esta forma Germán Larrea, de Grupo México; José Ramón Elizondo, de Vasconia; Héctor Hernández, de Grupo Herdez, y Eloy Vallina, de Grupo Chihuahua, así como José Antonio Fernández, de Femsa (todos beneficiarios de jugosos contratos federales, muchos sin licitar), más los que se acumulen esta semana, se inciensan a sí mismos, a sus empresas y a sus trayectorias y, una vez plenipotenciarios que dicen saber lo que a México conviene, recurren a la anquilosada redacción de una patética carta desde las alturas de sus corporativos, difundida por sus equipos de prensa como la voz del tabernáculo donde conminan a la población a “no equivocarse”, el estribillo socorrido.

Pletórico el ambiente de preguntas mañosas: “¿Está México preparado para lo que viene si equivoca el voto?” (ni necesidad hay de saber: “¿Perdone usted, según quién?”), ya la interrogante impone un voto correcto o incorrecto sin dar la cara sus autores. Luego entonces unos comicios no son un ejercicio democrático de libre elección y de renovación del poder con nuevo rumbo o derrotero, sino hacer caso a los megaempresarios que saben más por el bien de todos, desde luego.

Pero la realidad se impone. “AMLO es el único candidato con una imagen positiva, mientras que los negativos de Anaya aumentaron y sus positivos cayeron (...), también destaca en todos los atributos y no sobresale en ninguno de los negativos (…). Meade mantiene una mala imagen desde que se anunció su candidatura. AMLO es percibido como el candidato con mayor capacidad para gobernar, el que tiene las mejores propuestas económicas y el que combatiría mejor al narcotráfico y a la delincuencia organizada”. Voz del periódico Reforma. Mejor, imposible.

¿Estará equivocado entre el 50 y 60 por ciento de los votantes que piensan así? ¿O será hora de pedir a estos empresarios que si no saben, mejor no opinen? ¡Que dejen al pueblo elegir su destino para bien o para mal, sin ángeles custodios que le digan lo que debe prever, hacer y pensar!

gcolin@mail.com

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