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Domingo , 21.10.2018 / 06:19 Hoy

Entre pares

¿Hubo o no hubo abusos sexuales en el Tec?

Guillermo Colín

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La pregunta es ¿hubo o no hubo abusos sexuales en el Tec? Si para contestar se atendiera al comunicado de la institución la semana pasada, la respuesta sería muy incierta… No se puede afirmar ni negar lo que el propio Tec no hace saber en definitiva. Al parecer se apostó a que la sociedad lo leyera entre líneas, infiriera a su antojo el mensaje y como Fuente Ovejuna… todos a una.

El Tec emitió un comunicado de tres párrafos, donde el plantel educativo daría a conocer resultados de su recién estrenado “Protocolo Tec” para recientes denuncias de abusos sexuales en su campus. En lugar de ello, en tan solo dos líneas, el rector David Garza y la decana Inés Sáenz informaron que un profesor (del que no mencionan ni que ya estaba suspendido) “dejó de prestar sus servicios”. Dejaron intocado todo lo demás: si fue una iniciativa del docente o de la institución, o cuál habría sido el motivo. Menos mencionan haberle encontrado alguna responsabilidad, sin embargo, ya es reo de un veredicto desconocido, pero en el que casi todos creen.

En el colmo del disimulo mal logrado titulan a su comunicado: “cambios organizacionales” (¿?) de los que ni rastro hay. Anticlímax de lo que debía ser la explicitación de la casa de estudios sobre los presuntos abusos sexuales ocurridos en su seno, una vez investigados por un comité habilitado ex profeso.

Surgidas de las expectativas sociales que la misma institución generó, caben interrogantes. El profesor despedido: ¿perdió la presunción de inocencia que supuestamente estaba garantizada para toda su planta docente? ¿Cómo quedan expuestos otros profesores del Tec ante futuros anónimos? ¿Por qué no se dan a conocer los resultados de la indagatoria del “Protocolo Tec”? ¿Buscan no alarmar a los padres de familia con las dimensiones del problema? o ¿fue solamente un brote episódico? Los blogs cibernéticos hablan más bien de una epidemia. Esa “estimada comunidad” a la que el Tec se dirige, merece saber qué ocurre en realidad.

Empero, alineado a su sigilo para casos espinosos, tocante a lo que haya encontrado, el Tec adoptó un laconismo perverso y apostó al concurso mediático, el que en usufructo al rating que todo escándalo sexual produce, rellenó de motu proprio las enormes lagunas de información del escuetísimo y mustio comunicado, dando por sentado el involucramiento de Felipe Montes, de quien el Tec en rigor no dice nada, salvo nombrarlo como alguien que por cierto –¿qué creen?– había “dejado de prestar sus servicios” ese día.

¿Una impostura habilidosa para dar carpetazo a la mala publicidad que acarrea el que haya maestros que abusen sexualmente de sus alumnas? ¿Camuflaje de omitir los resultados del “Protocolo Tec”, dando a cambio tácita vía libre para recrear la experiencia del verdugo?

De los otros casos involucrados (varios se mencionaron) nada se añade. ¿Qué fue del otro docente acusado por algunas alumnas, como “Pablo Sol”? ¿Por qué desapareció toda mención de él, y por qué a diferencia de Felipe Montes, su foto nunca fue publicada en ningún periódico de Monterrey?

En escasas palabras restantes, el Tec se hace saber refulgente de virtudes que se pueden tomar como tales, o como opuestas a lo que quizá el Tec halló en Felipe Montes, pero siempre inferido entre líneas: “cero tolerancia a conductas inapropiadas, actuación con firmeza en circunstancias donde haya evidencia que se ha vulnerado la dignidad de las personas, sumarse a la construcción de una cultura incluyente”, etcétera.

Loable. Pero a quienes signan este comunicado su propia actuación los vulnera si han omitido dar parte a las autoridades correspondientes, lo que eventualmente podría configurar el delito de un posible encubrimiento.

Por lo pronto se ha dejado que la sociedad saque sus propias conclusiones, ayuna de información detallada. El Tec también ha dejado en el peor de los limbos –que son otra forma de infierno– a un profesor que aún no es civilmente imputable sin denuncia judicial de por medio, por lo que son muy limitadas sus opciones para defenderse o reivindicarse. Es el equivalente a la muerte moral y económica de una persona, sin haber sido llamada a intervenir ninguna autoridad pública.

Y como se aquí se ha dicho –sin prejuzgar de ninguna responsabilidad–, por este manoseo al debido proceso, un profesor –que aún no es judicialmente acusado– ya fue condenado a priori por la sociedad regiomontana, y su honra y su prestigio vilipendiados. Sería impropio atribuir al nebuloso “Protocolo Tec” la totalidad de los despropósitos, pero ciertamente no los clarifica. En algo debe estar terriblemente equivocado con resultados que hacen palidecer a los obtenidos por la Inquisición.

gcolin@mail.com

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