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Sábado , 20.10.2018 / 06:20 Hoy

Entre pares

Hitler Trump

Guillermo Colín

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Hace unas semanas Carlos Puig advirtió en estas páginas del mutismo del gobierno mexicano frente a los antimexicanos y vociferantes desatinos –por decir lo menos– de Donald Trump (¿"Y alguien del gobierno le dirá algo a Trump"?, MILENIO 20/08/15). Fue así el primero en advertir las graves implicaciones del amenazante discurso político del millonario norteamericano.

Trump, como se sabe, pretende –con gran éxito demoscópico hasta ahora–, la nominación presidencial por el Partido Republicano. Ofrece recuperar la "grandeza de EU" a costa de hacer de México y sus emigrantes un verdadero gueto al sur de la frontera, con deportaciones masivas de millones, la cancelación a los descendientes mexicanos de la ciudadanía norteamericana por nacimiento, expulsión de todos ellos y construcción de un muro reminiscente al de Varsovia; así como retornar la inversión norteamericana establecida en México, rompiendo el TLC y confiscando todas las remesas de los emigrantes...

Una gama de medidas de escándalo que aquí fueron caracterizadas en los medios en todos los modos peyorativos posibles, pero que allá en EU prendió una mecha en un conglomerado estadunidense que se enardece y gusta de responder con la aniquilación, a quien le señalen enfrente como "amenaza nacional". Es sólo cuestión de observar la apatía de los periodistas sajones, impasibles, en la rueda de prensa de la que Trump expulsó a Jorge Ramos, el notable periodista televisivo acreditado allá.

Luego de Puig algunos otros articulistas, no muchos por cierto, reiteraron lo básico: alguien en el Gobierno Federal debería pergeñar algún tipo de respuesta o elaborar alguna estrategia de frente al amenazante panorama que estaba configurando el discurso atrabiliario de Trump, con afectaciones tanto a la imagen de México en el exterior, como a potenciales amenazas a la soberanía del país.

Dada la virulencia de ese discurso de odio, racista y xenófobo, y las amenazantes posibilidades de que Trump en unos meses llegue a hacerse del poder, el gobierno mexicano debería, en efecto, producir alguna posición oficial antes de que fuera tarde (solicitar un plan B, tal vez sería pedir peras al olmo). Los voceros peñistas e incluso una proporción no desdeñable de los mismos mexicanos, desestimaron la propuesta aludiendo que se trata de asuntos de política interna del país vecino.

Con ominosos significados, numerosos mexicanos en redes sociales secundan con ceguera histórica la postura oficial e incluso muchos dan "la razón" a Trump (¡!). En lo económico (por lo dependientes que el neoliberalismo nos ha hecho de EU) como en lo ideológico (por la pérdida del nacionalismo histórico y la aversión a la política), México es un país al extremo vulnerable.

En el tristísimo y deslavado nacionalismo mexicano de hoy, que muestra índices altísimos de incivilidad e incultura política, con mayorías ya sin una mínima concepción de la historia nacional, se expresaron en internet innumerables tumores fascistas: "...Trump no está enteramente equivocado [...] México contribuye al problema al permitir el ingreso a través de nuestro territorio a innumerables centroamericanos y permite a particulares (iglesias, etc.) que los ayuden. Recuerdo que el gobierno llegó a imprimir un folleto donde les indicaba rutas más seguras por donde pasar".

Otros comentaristas al fondo del internet azteca, de plano superaron al mismo Trump: "...lo que se debe de hacer es evitar el paso de las hordas de centroamericanos dizque en camino a EU y de paso cometen delitos y aprovechan para tener hijos aquí y hacerse del derecho de permanecer en el país". Sólo una minoría, estimó que "no hay que hacerle caso" a Trump. "Es un tipejo", dijeron y "hacer caso a los pendejos es hacerlos grandes".

Lamentablemente ambas posturas reflejan una ceguera atroz respecto del problemático escenario que se yergue sobre el borrascoso horizonte del país en unos cuantos meses si Trump se hace de la candidatura republicana.

Y más si triunfa, pues entonces se estaría en presencia de una alerta mayúscula de seguridad nacional como nunca la ha vivido el país. Pero si en un grueso de mexicanos ya no hay conciencia cabal de la historia nacional, es de suponer que mucho menos la habrá de la universal, y de lo que en su momento fueron en la Europa nazi, preámbulos por demás parecidos a los nuestros actuales, de las políticas de segregación, deportación y sojuzgamiento que en su momento predicó y luego impuso el hitlerismo.

No faltará quien vea en esto un relato de política ficción, una alarma infundada e imposible de ocurrir. Piénselo dos veces.


gcolin@mail.com

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