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Entre pares

El engaño

Guillermo Colín

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Con frecuencia se suele pensar que en México solamente el sector público está empantanado en un lodazal de corrupción y burocrática ineficacia. Mientras que, al otro extremo, se divulgan supuestas bondades del sector privado el cual siempre es óptimo, prístino en sus prácticas y eficiente.

En realidad las cosas son distintas, por ejemplo en el sector bancario. Para empezar la banca en el país disfruta condiciones de mercado que en la práctica la convierten en un oligopolio financiero. En su mayoría de capital extranjero, otorgan pocos o nulos beneficios de su supremacía financiera a la sociedad en su conjunto, la que demanda servicios ágiles y oportunos, entre ellos el acceso al crédito que en México es escaso y muy caro.

En cambio las ganancias de los grupos financieros (que incluyen bancos, casas de bolsa, casas de cambio, afianzadoras, aseguradoras, Sofomes, Sofipes, operadoras de fondos de inversión, entre otras similares) son estratosféricas por el enorme diferencial entre los recursos que captan del público y los que obtienen por servicios o créditos que otorgan en sus diversas modalidades.

Ganancias que crecen cada día más. En el primer semestre del año en curso sus utilidades de 77 mil millones de pesos, superaron en 15 mil 200 millones a las obtenidas en el mismo periodo en 2016. Los activos de los 23 grupos financieros que tienen actividad en el país y que son del orden de 8 billones 754 mil millones equivalen al 43 por ciento del valor de la economía nacional.

Acorde a lo anterior uno pensaría que las campañas publicitarias que idean amparan políticas serias, confiables, para dinamizar más aún su negocio. Pero resulta que ni eso. Solo son pantallas artificiales de propaganda engañosa.

Banco Banorte –parte de uno de los cuatro grupos financieros más grandes del país y el único todavía mexicano–, solía ser apreciado como una institución seria. Percepción que está cambiando. No sorprende que su índice de atención a usuarios sea un triste 7.08, su lema actual: "Le damos crédito a cada persona del México que viene", es un engaño total.

Este producto llamado "Crédito Personal Banorte", ofrecido en su portal, promete brindar "hasta 500 mil pesos", a todo tipo de cliente sin distinción, con el único requisito de ser cuentahabiente para "disfrutar" tasas anuales fijas desde el 22 por ciento, pagos domiciliados, sin penalización por prepago o liquidación anticipada y con un seguro de vida gratuito mientras se paga el crédito.

Si lo hasta aquí descrito a algún lector conocedor de los engaños de la banca, le suena demasiado atractivo, acierta. Es una oferta publicitaria presumiblemente fraudulenta.

Para obtener el Crédito Personal descrito en su portal, Banorte invita a sus cuentahabientes a iniciar su "trámite, sin aval, ni garantía, de una manera rápida y sencilla" y a presentar "en la sucursal más cercana" la solicitud (que ahí mismo se puede bajar), sin mayor requisito, aparte de ser cuentahabiente Banorte que "ser persona física, tener entre 24 y 69 años de edad, y contar con identificación oficial vigente, y comprobante de domicilio".

Pero al acudir el cliente a una sucursal (como la aristocrática de Zaragoza y Padre Mier en el centro de Monterrey) los ejecutivos para empezar desconocen en absoluto el producto y la manera "rápida y sencilla" del trámite que Banorte ofrece. Ante la insistencia del cuentahabiente llaman a su red interna y para ellos tampoco existe tal producto de crédito. Entonces, en lugar de entrar ellos mismos a su portal y corroborarlo, le exigen al cliente la carga de la prueba: "Muestre prueba de la página oficial de Banorte donde dice que vio el ofrecimiento". Al otro día que la exhibe le sueltan una maliciosa sonrisa: "¡Ah, pero es solo por invitación a clientes especiales!... ¿No le ha llegado una?"...

O sea que el crédito ofrecido por Banorte en su portal a la población abierta de cuentahabientes, en la realidad es negado al arbitrio de los empleados (mal llamados ejecutivos) que tan quitados de la pena pueden negar lo que la institución ofrece en millonarias campañas de publicidad. Porque no cabe pensar que el fraude sea institucional de Banorte, ¿o sí?

gcolin@mail.com

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